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Columnistas

Cristo de nuevo crucificado

opinion

Viaje al centro de los libros

Cada año, cuando se aproxima la Semana Santa, busco en mi biblioteca la novela Cristo de nuevo crucificado, de Niko Kazantzakis (1885-1957), obra en la cual el autor aplicó la tradición griega de reinventar a partir de la memoria popular de las vivencias de los dioses en la Tierra, pero no de la época arcaica sino cristiana, y nunca me falla, porque asombra y se disfruta.

En la semana de pascua, en un pequeño poblado del Asia Menor, en los tiempos de la dominación turca, los ancianos seleccionan a quienes participarán en la representación en vivo del misterio de la Pasión de Cristo del próximo año. Ancianos viciosos, avaros y duros de corazón escogen entre los vecinos a quienes representarán a Pedro, Santiago, Juan, Judas Iscariote, María Magdalena y Cristo. Los designados deberán comportarse de acuerdo al papel asumido durante el año, para ser dignos. El tiempo se describe así: “sol suave, lluvia fina cayendo sin ruido, limoneros en flor, narguiles y amena charla por los siglos de los siglos”.

Para Judas, eligen en contra de su voluntad al barbado Panayotaros, a quien no le gusta la idea de cargar con la culpa y la vergüenza humanas para que se pueda cumplir el designio divino. Se muestra ofendido. El papel de Magdalena es deparado a la viuda Katerina, que vive alejada de la población, vestida de negro, tal y como la viuda en la adaptación al cine de su otra novela famosa, Zorba el Griego. Y al pastor Manolios, hombre de alma pura, se le designa para soportar los azotes, la corona de espinas y el peso de la cruz en el papel protagónico, pero él piensa que no es digno.

A Licovrisí llega un grupo de refugiados harapientos, y se sucede el desate de pasiones, interés de dominación y deseo de los dominados: “Hubo un tiempo en que fueron los nuestros, los helenos, los dueños de estas tierras. La rueda de la fortuna dio una  vuelta y llegaron los bizantinos, que eran también helenos, y los cristianos. Otra vez la rueda de la fortuna cambió, y vinieron los hijos de Agar… Pero Cristo ha resucitado, ¡también los amigos y la patria resucitarán!”

La novela es inolvidable, y un plato delicioso para el próximo feriado.

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