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“English only?”

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Lado b

Desde principios de esta semana, el idioma español ha sido eliminado de la página web y de las redes sociales de la Casa Blanca. Y más allá de lo pintoresco que pueda resultarnos la decisión, la medida viene a alimentar la incertidumbre sobre el rumbo que tomarán las relaciones del presidente Trump con los países latinoamericanos y con la comunidad hispana radicada en Estados Unidos. Las lenguas, por supuesto, no se hablan ni se dejan de hablar por decreto, sino responden a realidades históricas, sociales y culturales que difícilmente pueden borrar las resoluciones burocráticas. Hay lenguas perseguidas, censuradas, clandestinas, secretas, condenadas por los siglos de los siglos que han permanecido hasta nuestros días. Nada pudo contra ellas. Los ejemplos abundan: cuando los romanos invadieron Grecia, luego de la Batalla de Corinto (146 a.C.), y quisieron imponer de manera brutal su lengua y sus formas culturales, terminaron, para fortuna de todos, hablando griego. El enfrentamiento terminó en una especie de empate que nosotros conocemos como cultura greco-romana. La posmodernidad (es decir, esa era líquida y ambigua en que nos movemos) decretó en algún momento que las lenguas nacionales habían muerto y los países, aún los más diminutos tendían a convertirse en territorios pluriculturales y multilingües (bueno, reconozcamos, que tampoco se puede ser políglota por decreto). En los años setenta siempre me llamó la atención lo que los carismáticos llamaban el don de lenguas. El Espíritu Santo te otorgaba ese poder y terminabas de repente hablando hebreo, arameo y griego helenístico, es decir, los idiomas originales de la Biblia. Es de preguntarse, entonces, cómo estamos regresando de nuevo al english only.

Hace 400 años morían William Shakespeare y Don Miguel de Cervantes, dejándonos como legado dos lenguas poderosas, que transformaron el rumbo de la raza humana en muchos sentidos. Volvamos a El Quijote o a Hamlet para comprenderlo. Cervantes, hasta donde se sabe, no tuvo conocimiento de Shakespeare, pero se tiene la certeza de que Shakespeare si leyó la primera parte del Quijote. De ahí tomó el personaje de Cardonio, que él llamó Cardenna, para una pieza estrenada en el invierno de 1612, según los datos de la Royal Shakespeare Company. Ni Cervantes sabía inglés, ni Shakespeare español, pero a este último le fascinaban las palabras castellanas. Caníbal, por ejemplo, que él transformó en Calibán, ese personaje mítico de su obra La Tempestad. Dos tradiciones poéticas renacieron y tuvieron un amplio esplendor durante el siglo XX, la estadounidense y la hispanoamericana. Varias de las transformaciones más significativas de la literatura tuvieron lugar en esos dos territorios lingüísticos. Sin ir muy lejos, una de las grandes aportaciones a la poesía en lengua castellana de los últimos cien años han sido las traducciones que realizaron los nicaragüenses Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho de los poemas de Ezra Pound, pero también la poesía estadounidense contemporánea se alimentó de las traducciones que Edwin Honig hizo de la obra de García Lorca.

En la era de las estadísticas, el español y el inglés se pelean eternamente el lugar de la lengua más hablada en el mundo, después del chino mandarín. Hay 427 millones de hablantes nativos del español contra 339 millones de hablantes nativos del inglés. La diferencia está en la influencia actual de las lenguas, en los hablantes no nativos, en donde el inglés supera significativamente. Según datos de la RAE, existen en Estados Unidos 37 millones de hispanohablantes, lo que convierte al español en la lengua más hablada después del inglés. En Estados Unidos se hablan, por otra parte, infinidad de lenguas y todas ellas configuran un rico paisaje cultural inigualable. A decir verdad, el español está en el origen mismo de la fundación de la nación estadounidense. Por algo Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos y la más diversa del planeta, se llama Los Ángeles.

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