[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

Un atardecer con Otto Dix

opinion

Lado b

Hace ya bastantes días que el mundo empieza a parecerse a las pinturas de Otto Dix. Este artista alemán (1891-1969): expresionista, realista, dadaísta, goyesco, documentó (sí, ese es el verbo exacto) el horror de dos guerras mundiales, y entretanto el fascismo, la degradación, la estupidez. La mayoría de sus personajes son eso, estúpidos que viven la atrocidad como un carnaval. El triunfo de la barbarie sobre la belleza, el triunfo de la muerte, de la imbecilidad a secas. Seres esperpénticos que se pasean por espacios deformados, que nacen, crecen, se reproducen y mueren en medio de las ruinas. Unos están ciegos y desmembrados (la guerra produce mutilados del cuerpo y el alma), otros llevan en la mirada el espectáculo de la destrucción. La gente destruye por poder y por dinero. Por comodidad, por placer, por odio, por amor, por lo que sea. Nadie se salva. Hay un autorretrato del autor inmerso en el espanto y la porquería, camina por una oscura calle de Amberes y se ha convertido en uno más de esos personajes repelentes y abatidos que deambulan por sus cuadros. Mira, con ojos desorbitados, las inmensas nalgas de una prostituta que invitan al asco y al deseo. Al entretenimiento. Porque mientras el mundo, las ciudades, las calles, los campos se desvanecen en el horror, nosotros nos entretenemos… ¿Lo quieres aún más negro, más oscuro?, nos preguntó Leonard Cohen pocos días antes de morir.

¿Estamos a las puertas de una nueva guerra mundial, tan horrorosa y cruel como las que Dix pintó, o más, pura destrucción sin heroísmo ni salvación? No es una pregunta catastrófica ni retórica. Desde hace días me he dedicado a leer concienzudamente todo tipo de periódicos, de aquí de allá, impresos o digitales, y huelo la fatalidad y la desesperanza. No leo a iluminados ni a apocalípticos paranoicos. Sino a gente muy seria, autoridades de la economía, la política, las finanzas, con mucha información, muchos datos, muchas cifras, muchas estadísticas. Lo único que puedo decir es que están perplejos ante el futuro que se nos anuncia. Puede que sí, puede que no. Pero si sí, ya para qué les cuento. El mal es de una banalidad absoluta, eso nos lo explicó hace algunos años Hannah Arendt. El exterminio y la destrucción se reducen a papeles que se firman, a órdenes que se giran, a votos que se emiten, a llamadas telefónicas, a decisiones que se toman, entre vasos de agua mineral, en despachos sobrios y con aire acondicionado. La confrontación está aquí y en todos lados. Odios y resentimientos que se acumulan en el vientre y no nos dejan vivir hasta que terminemos con el otro, al que no es ni piensa como nosotros.

Veo detenidamente las reproducciones de la obra de Otto Dix. Entre la devastación, el esperpento, la deformación, el espanto, la sangre, la mierda…, aparecen de repente dos o tres cuadros de un clasicismo estremecedor. Son paisajes de una belleza y de una calma literalmente de otro mundo. Hay uno en especial: Patinadores en el lago de Constanza. Todo –la composición, la luz, los colores– reconforta la vista y el espíritu. No lo vemos, pero el pintor está en lo alto de una colina nevada, observando en la distancia a unos seres diminutos que se desplazan por el hielo en total armonía. Es 1942 y más allá del horizonte, en un lugar que tampoco vemos pero sabemos que está ahí, a la vuelta de la página, arde la II Guerra Mundial. Y sí, a pesar de la imbecilidad, el mundo podría ser hermoso, demasiado hermoso, nos dice el pintor. Yo me lo repito observando la noche que cae sobre esta ciudad.

laceituno@elperiodico.com.gt

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Silvia Tejeda
Soliloquio con un político

Otra orilla.

noticia Mario Mérida
Desafíos gubernamentales para este año

Para los guatemaltecos… será sobrevivir tres años más.

noticia Roberto Antonio Wagner
La toma del Capitolio

La toma del Capitolio le presenta un mayor margen de maniobra al presidente electo Joe Biden.



Más en esta sección

Autoridades guatemaltecas buscan frenar la Caravana de migrantes

otras-noticias

Peterhansel, digno campeón

otras-noticias

Argentino Benavides se consagra

otras-noticias

Publicidad