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Columnistas

Desertar de la burbuja VIP

opinion

EL BOBO DE LA CAJA

Si el bobo que firma estos párrafos tuviera un mínimo de prestigio intelectual y algo –siquiera un poco– de estatura moral; si de pronto se tomara a pecho la deplorable costumbre de ofrecer consejos diría que la clase media necesita, para empezar, darse cuenta de que su estrechez (social, económica, educativa, cultural) es resultado del secuestro de la economía por parte de mafiosos que no quieren un mercado abierto para todos: lo quieren para ellos solitos porque han sido, son y quieren seguir siendo los dueños del país.

Diría, también, que más le vale soplar el humo de las apariencias y comprender que esa gente encopetada no merece su admiración ni su lealtad, mucho menos su pleitesía. Son el opresor, son el verdugo; son la mafia de usurpadores y monopolistas que controlan medios, pagan campañas, dictan leyes, entrampan juicios e imponen ministros con el billete que da el poder y con el poder que da el billete.

Le conviene entonces a la clase media romper filas, desertar de la burbuja VIP y, en cambio, buscar alianzas con el pobrerío al que detesta por considerarlo montonero, acarreado, ignorante, resentido, ‘shuco’ y ‘feo’ (ay, tú). Si no quiere caer, él también, en la pobreza debe unirse con los de abajo para transformar juntos las reglas del juego y diseñar un proyecto de país en el que quepamos todos, no sólo unos cuántos.

Claro que, a su vez, los de abajo harían bien en reenfocar sus acciones de protesta dirigiéndolas no hacia el grueso entero de la población económicamente activa sino al vértice superior de la pirámide. ¿Qué sentido tiene bloquear carreteras enemistándose así con millones de comerciantes y trabajadores, aliados potenciales en una causa común?

Una lección que nos dejó el tristemente recordado Jueves Negro es que las manifestaciones conviene hacerlas en la Zona Viva, punto neurálgico de la economía nacional; no en el Centro Cívico ni frente al Palacio ni en El Zarco ni en Cuatro Caminos. Si algo aprendí de las Estrellas de La Línea es que para visibilizar la realidad negada los goles hay que irlos a meter a la zona 14, no a la Sexta avenida ni a El Trébol.

A todo esto, mientras el capitalismo (por mucho que a algunos nos pese) siga siendo el marco para participar como actores de peso dentro del tablero mundial, habrá que tomar las medidas necesarias para que ese capitalismo nos beneficie –repito– a todos, no sólo a unos cuántos.

Una vez definidas las alianzas y los adversarios y los objetivos, y medidos los riesgos y tomado las decisiones a corto plazo, el reto siguiente será emprender el delicado viraje que nos permita superar la lógica capitalista, en su calidad de rectora de los designios de la humanidad, antes de que ese mismo capitalismo en su fase actual acabe con los recursos finitos del planeta.

[Postdata: la semana pasada escribí que a Guatemala le convendría sentarse a negociar con los capos del narcotráfico, y ofrecí que hoy profundizaría al respecto. Dejo el pendiente para la próxima].

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