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Columnistas

Entre la @ y el #

opinion

lucha libre

Soy parte de esa generación a la que le cambió la vida el Internet. No paso un día sin buscar la ayuda del Dios Google. Soy incapaz de cocinar un huevo tibio sin antes verificar en varios sitios web algún tip para que no me salga duro o crudo. Casi solo me comunico con mi familia por medio de las redes sociales. Le tomo foto a todo. Alguna vez intenté ponerle un freno a lo virtual en mi vida, pero el tren del wifi ya arrasó mi cotidianidad. Mi trabajo de comunicadora me da la excusa perfecta para estar tuiteando, facebookeando y chateando gran parte del día.

 Me sorprende y me maravilla como el Internet ha modificado en tan poco tiempo, tanto de nuestras vidas. Adquirimos la capacidad de disfrazarnos, modificarnos, estilizarnos en la red. Por medio de nicknames, avatars, seudónimos, juegos de rol, photoshops y filtros pulimos nuevas personalidades. Pareciera que no hay responsabilidad ni límites atrás de esas máscaras.

 ¿No les ha pasado que por fin conocen a gente con la que llevan tiempo interactuando en las redes y les es casi imposible reconocerlos ya en vivo? Ese arrojo, autoestima, y la personalidad extrovertida del Internet no corresponden con la persona retraída e introvertida que saluda. A veces el tal @usuario no es capaz de mirar a los ojos, mientras que en la redes: insulta, levanta ánimos y ataca sin piedad a diestra y siniestra.

No sé si es el anonimato, pero en el territorio de lo virtual se ejercen con mayor libertad ciertas tiranías. El Internet como medio viral (para usar su propio lenguaje) tiene un poder ilimitado. Exponernos en la red, talvez hoy nos salva la vida, pero mañana puede que nos la destroce. Criticar bajo un seudónimo tiene tan pocas consecuencias que algunos caen en la tentación de hablar por “tendencia” sin conocer el poder destructivo que pueden tener las palabras.

 El blanco favorito para las burlas solemos ser las mujeres. Esto no es una paranoia machista. El caso de Lucía, la jovencita de la Usac desaparecida, y vuelta a aparecer, es un ejemplo perverso de la irresponsabilidad con que se dañan reputaciones, se levantan falsos y se especula sobre la intimidad ajena. Me dio pena leer tanto odio hacia las mujeres, odio que se refleja también en las alarmantes cifras de feminicidio del país.

Los tiempos del Gran Hermano que todo lo ve llegaron. Me asusta la facilidad con que en la red se rompen los límites de la privacidad, se inventa, se humilla, se bromea sin medir consecuencias. Me recuerdan esas estampidas de animales que pasan arrasando con todo, siguiendo a los otros animales solo porque sí. Aunque la culpa, si es que hay tal cosa, no es del Internet, ni de las redes sociales. La tecnología es solo un medio, un impulso. El mensaje y lo que hacemos con él, es decisión nuestra.

 El reto sería usar la red y todos sus derivados para abrazar ideas solidarias, para juntar, apoyar y expandir la conciencia, el bien común y la empatía.

 @liberalucha

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