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Columnistas

Voces de Chernóbil

opinion

Viaje al centro de los libros

La obra más asombrosa que he tenido en mis manos en los últimos meses, es, sin duda, las Voces de Chernóbil, subtitulado Crónica del futuro, de Svetlana Alexiévich, ganadora del Premio Nobel 2015. La autora biolorrusa no eligió una historia o una voz para narrar los horrores tras la explosión en 1986 del reactor nuclear de Chernóbil, que fue el gran desastre nuclear del siglo XX, luego, por supuesto, de la bomba lanzada intencionalmente para poner fin a la Segunda Guerra Mundial sobre Hiroshima y Nagasaki. El cataclismo afectó a Bielorrusia, un país con una población entonces similar a Guatemala, dedicado a la agricultura, y que no tenían central atómica alguna en su territorio, pero la explosión del reactor los contaminó, mató y acabó con cientos de aldeas, incluyendo los 70 pueblos que fueron enterrados, y el ambiente quedó expuesto a la radiación, lo que basta con pequeñas dosis para matar, enfermar y ocasionar mutaciones.

Tal espectáculo doloroso no me seducía en lo absoluto. Aquí ya hemos tenido suficientes recuentos de crueldad en la memoria de los días de las masacres, como para recetarme otra serie de entrevistas con los afectados por la radiación, pero llegó la ocasión en que cedí a la curiosidad y quedé fascinado desde el primer relato, Una solitaria voz humana, porque la periodista no se dedica exclusivamente a mostrar el horror sino resalta la grandeza de las víctimas.

La autora va grabando las voces de la gente que vivió o sobrevivió al fenómeno, y transcribe con sensibilidad lo más emotivo, lo bueno, lo que demuestra que en medio de la peor catástrofe del mundo el espíritu humano se fortalece. Evoca la historia de una pareja de recién casados, que “aún íbamos por la calle agarrados de la mano” cuando sucede la explosión. A él lo llaman para que se presente a sofocar las llamas y a la mañana siguiente aparece internado en el hospital. La historia es el relato del recorrido de la mujer siguiendo al marido hasta el final, pero no se dedica a exponer el horror sino su entrega y sacrificio. La obra resume voces dispersas de gente que se niega a abandonar su tierra, que se sienta a esperar la muerte junto a sus mascotas, pero prevaleciendo las pequeñas cosas de la vida magnificadas. Los soldados que partieron a Afganistán sabían al volver a casa que se habían salvado, pero con Chernóbil sucedió a la inversa, porque los efectos de la radiación llegaban estando en casa.

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