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Columnistas

Lectura nacional (final)

opinion

Viaje al centro de los libros

Completo mi breve recorrido por la narrativa nacional refiriéndome al escritor nacional Luis de Lión, quien es a la literatura lo que Francisco Tum fue a la pintura: un caso único. Su obra póstuma El tiempo principia en Xibalbá es un ejercicio de narrativa libre, lleno de descuidos e impurezas ante los ojos cerrados de quienes creen en el totalitarismo del diccionario y las reglas gramaticales, pero mágico y sorprendente para quienes encontramos su expresión en el aparente desaliño narrativo. El Xibalbá no es un diamante pulido sino una joya rústica, auténtica y fascinante del mundo indio (no utilizo eufemismos porque siento que el término aplica bien a la fuerza dramática de la obra).

Para Luis de Lión, de origen kaqchikel, los caminos no son rectos ni parejos, cambian, se pierden en el espacio. Su primera referencia literaria es el Popol Vuh, cuya construcción evoca. Habla del viento como signo del tiempo que pasa destruyendo todo, según aprendió en el Viento Negro de César Brañas. Y explora al misterioso Xibalbá, en las profundidades de la noche, donde se oculta el fruto prohibido, que es la realidad del poblado de un tal Pascual Baeza, cruel desde la infancia, irreverente, resentido, pervertido por la sociedad ladina, quien regresó ya adulto a su comunidad convertido en bolo, con nahual de coyote y experimentado en la deserción y el robo. Allí se encuentra con la protagonista que se chupó al marido y puso a todo el pueblo de rodillas, hasta que su deseo insatisfecho encontró el freno del rechazo. Ella quema su fuego, mientras Pascual Baeza, que es todos los hombres, se afirma como un solitario prodigioso, hábil con la honda y con el machete para cortar por el camino las ramas de los árboles frutales que se extienden fuera del cerco. Su venganza se dirige a las imágenes religiosas que en realidad exalta, porque se enamora de la imagen de madera de la patrona blanca del pueblo. Es una novela inquietante y nada común.

Los diez autores nacionales básicos que recomiendo son Bernal Díaz del Castillo, Rafael Landívar, José Batres Montúfar, Enrique Gómez Carrillo, Rafael Arévalo Martínez, Miguel Ángel Asturias, Mario Monteforte Toledo, Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso y Luis de Lión. Hay muchos más, pero elegí para esta reducción a los diez medulares ya desaparecidos. Nuevas figuras florecen en la actualidad, y dejo en el tintero a Luis Alfredo Arango o a Manuel José Arce, de quienes iremos comentando en otra oportunidad.

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