[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

El castillo III

opinion

SOBREMESA

La tarde de Navidad, el pequeño L subió al segundo piso de su castillo y abrió el ventanal del balcón protegido por una balaustrada. Desde el cerco de piedra, L contempló la imponencia de la iglesia dominica con sus torrecitas achatadas y un inmenso pararrayos donde por las noches descansaban las palomas. La Luna redonda y blanca, como queso de leche. L se había preparado desde temprano en el balcón con una sillita de Totonicapán, poncho de lana y aperado con un termo con atol de maicena, un ramito de uvas y un atadito de bolitas de miel, a esperar con ilusión la entrada triunfal del flamante plumífero, quizás en procesión o dentro de una inmensa canasta de junco, protagonista insigne que participaría en la misa que todos en casa llamaban la misa del gallo.

Una ráfaga de aire frío sopló fuertísimo, viniendo del Hipódromo, le congeló las manos, a pesar de llevar puestos los guantes negros que usaba su padre para cargar la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo.

Desde su atalaya, el pequeño L observó que el mundo se movía como si fuera una función de Vistas del cinematógrafo, mientras esperaba el momento de ver al gallo gigante de la misa de Navidad. Esperando miró pastar frente a su ventana a una recua de mulas cargadas de leña. Un señor descalzo cargando en la espalda una enorme jaula con pájaros colorados, y un carruaje yendo a toda carrera, como alma que se lleva el diablo, en dirección a La Palma, en donde contaban que el Presidente tenía una casa tan grande como la iglesia y una cama de plata en donde dormía vestido, por aquello de los temblores.

El cielo estaba muy claro y un papel de seda transparente pintado con estrellas doradas cubría todo el horizonte. El pequeño L pensó entonces que la Luna era un plato de plata o una melcocha gigante que conversaba con Venus, la estrella gigante.

A eso de las once y treinta de la noche, las campanas rompieron en repiques llamando a la misa del gallo, y el pequeño L comprendió que esa Navidad tampoco miraría al gallo frente a sus narices y que según advertencia de la abuela, tampoco recibiría regalo del Niño porque los festejos de la Navidad estaban prohibidos. El pequeño se consolaba pensando en las uvas que adornaban el frutero, los tamales con trocito del chompipe bautizado por Chus con el nombre de Miguelito, y la lata enorme de confites italianos con ilustración de caballos pastando en un paraje nevado, que su madre había llevado el día antes para la cena.

“Chus, Chus”, vociferó el pequeño L a grito pelado, traspasando la puerta de arco con vidritos que llevaba al segundo patio buscando a la Nana, quien se entretenía colocando en las alturas del techo de la cocina, tarlatanas de un cielo de nubes celestes y blancas, con un ejército de ángeles cachetones y canches. “¿Le gusta?”, preguntó Chus al pequeño, mientras colocaba delante del Niño Jesús al perro ovejero, encargado de velar por el recién nacido. Al ladito de Jesús, cerca del buey y la mula, descansaba un caballito de palo, cabeza de cuero, ojos celestes, crin de raíz, riendas de lazo y una moña colorada que Chus había comprado en la feria y que obsequió al pequeño en nombre de Jesús la noche de Navidad.

El pequeño L era mi padre. De sus navidades infantiles nos relató muchas veces aquel único juguete de sus años infantiles y cómo esa noche durmió abrazado a su caballo de palo, pensando que era un alazán como los de los cruzados que visitaban su castillo.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Isela Espinoza/ elPeriódico
Samsung comparte su visión del futuro tecnológico

La compañía coreana lanzó nuevos productos en la feria tecnológica CES 2021.

noticia AFP
Virgin Orbit de Richard Branson llega al espacio por primera vez

El avión despegó del puerto aéreo y espacial de Mojave en el desierto al norte de Los Ángeles y lanzó el cohete sobre el Océano Pacífico.

noticia AFP
Trump llega a su club Mar-a-Lago en Florida


Más en esta sección

Muertes y vacunas de COVID-19 no están relacionadas

otras-noticias

Localizan 19 cuerpos calcinados en zona fronteriza de México con EE.UU.

otras-noticias

Wall of Sound: The Very Best of Phil Spector 1961-1966

otras-noticias

Publicidad