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Columnistas

Severino Boecio

opinion

Viaje al centro de los libros

El mejor estímulo para el lector, cuando la actualidad agota, es dejarse seducir por la maravilla de los clásicos. No fallan, asombran, maravillan, nos abren el entendimiento y trascienden en nosotros. En estos días de elecciones curiosas, me refugié en la obra inmortal de Anicio Manlio Severino Boecio (480-524), en ese libro extraordinario que escribió en la prisión donde pasó su último año escribiendo mientras esperaba el cumplimiento de la condena injusta por haber defendido a Albino de traición por la mala interpretación que se hizo de una carta escrita al emperador de Constantinopla. Boecio era joven, había sido senador, gozado de la fortuna y de los dones, pero de defensor pasó a cómplice del acusado y un verdugo lo decapitó. Así terminó la vida del genio que en el patíbulo escribió su Consolación de la Filosofía, reflexión en torno a la mutación de la fortuna, traducida del latín al español por Fray Alberto de Aguayo. En prosa refiere el diálogo de Boecio con la Filosofía, muy al estilo de Platón, pero siendo protagonista Boecio quien pregunta y es la Filosofía quien responde, y, luego, en un malabar de ingenio y agudeza, escribe en verso la esencia de lo expuesto en el diálogo previo.

Una joya del intelecto. El hombre está a punto de ser ajusticiado, despojado de fortuna, fama y riqueza, y aún así niega la existencia del mal, y siendo vocero del pensamiento cristiano de la época, busca en la filosofía la fuerza para enfrentar la muerte con dignidad. Así discurre sobre el sentido de por qué en la vida se “trata mal a los virtuosos / con penas, daños y males; / da cetros muy poderosos / a los hombres criminosos”. La reflexión natural va por el sentido de la cegura de quienes desprecian lo poseído y desean tanto lo que no tienen, que viven atormentados pensando que son pobres aunque no lo sean. Para Boecio la fortuna llega y se va: “¿por qué le pones culpa, si te deja y va huyendo, y no la pones a ti que la dejarás muriendo?”.

Estimados lectores, si les agota la lectura frugal de tantas novedades, de las cuales muy pocas pasarán la prueba del tiempo, les recomiendo con la lectura de los más grandes, como Boecio, que por siglos han despertado el intelecto de artistas y pensadores, y tiemblen ante su genio. Si queremos agua fresca, hay que abrevar del mejor manantial.

mendezvides@itelgua.com

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