[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

La vida es sueño

opinion

Viaje al centro de los libros

El laberinto de la inmensa cantidad de novedades que llegan a las librerías a diario se nos puede quebrar entre las manos cuando comparamos con la inmensidad de los dramas clásicos. Una obra perdurable es La vida es sueño de Calderón de la Barca, que obliga a repetir en voz alta el parlamento inicial de Segismundo en aquella cárcel que es una torre: “¡ Ay, mísero de mí!… qué delito cometí / contra vosotros naciendo, (…) pues el delito mayor del hombre es haber nacido”. Y que más adelante nos sacude con la terrible pregunta: “¿que hay quién intente reinar, / viendo que ha de despertar / en el sueño de la muerte?”.

El expresidente Otto Pérez Molina podría leer a Calderón en estos días de angustia y comprender el significado profundo de la literatura. Lo mismo aplica a la ex vicepresidenta Baldetti.

 El príncipe Segismundo se encuentra recluido en la cárcel, a donde su padre el rey Basilio de Polonia lo ha enviado para evitar que se cumpla el oráculo: que un día el hijo lo humillaría y vencería. El rey decide darle una oportunidad. Lo duerme con opio y este despierta entre lujos, en una corte dispuesta a servirlo. Celebra feliz la gracia, pero pronto brota la enfermedad del poder, ese sentido que confundió y pervirtió a nuestros políticos. El rey narcotiza nuevamente a Segismundo, para castigarlo, y cuando despierta se encuentra de vuelta en la fría cárcel. Queda convencido de que todo lo vivido fue un sueño. El pueblo se entera de que el rey está a punto de delegar el poder a un noble extranjero. No le gusta y decide rescatar de la torre al verdadero heredero. Esta vez Segismundo decide hacer el bien y comportarse, porque como solo sueña prefiere ser noble y generoso, y entonces es aclamado.

La metáfora aplica al poder como a las grandes empresas del hombre. En septiembre del 2001, hace prácticamente tres lustros, las Torres Gemelas de Nueva York desaparecieron tras un atentado terrorista que modificó el escenario del mundo. Una noche antes las inmensas torres existían, pero a la siguiente se habían esfumado. ¿Las soñamos? Esa es la fuerza de la literatura, que en este caso demuestra el sentido de lo ilusorio y pasajero. Hoy estamos celebrando los 196 años de vida independiente como nación. Un sueño que como Segismundo, quizá solo imaginamos, y quizá despertemos y descubramos que continuamos siendo una colonia dependiente.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia AFP/EFE
China denuncia la “arrogancia” de la OMS
noticia Redacción elPeriódico
Guatemala bajo la lupa
noticia Evelyn Boche/elPeriódico
Alertas internacionales por cocaína en contenedores

Casi una tonelada de posible cocaína se incautó en tres operativos.



Más en esta sección

Los talibanes cuelgan los cadáveres de cuatro secuestradores en plazas de Afganistán

otras-noticias

Haití le recuerda a EE.UU. que se construyó gracias a migrantes y refugiados

otras-noticias

Tres soldados muertos al caer en un campo minado en Colombia

otras-noticias

Publicidad