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Gobierno de transición

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Ayer

La mañana del 1 de octubre de 1944, Guatemala conoció la noticia del asesinato del periodista Alejandro Córdova, director del vespertino El Imparcial , periódico opositor a los gobiernos liberales de Ubico y Ponce Vaides.

Como reguero de pólvora se esparció por la capital los detalles del asesinato del conocido director de prensa. Córdova murió abatido a balazos en horas de la madrugada, frente a su residencia, un chalet ubicado en la Villa de Guadalupe, cuando regresaba de una reunión de trabajo.

El asesinato estaba planeado. Un grupo de hombres armados lo esperaban al amparo de la oscuridad y la soledad de la noche y fue, poco antes de ingresar a su casa, que el asesino se le acercó a Córdova y le dijo, “dos palabras” a lo que el periodista dijo, “qué quiere, amigo”, respondiéndole con una descarga de pólvora.

Guatemala entera enmudeció con la noticia. Repentinamente, los guatemaltecos revivieron como la peor de las pesadillas, las persecuciones, los fusilamientos en juicios sumarísimos, la ley fuga y todas las fórmulas represivas sustentadas durante el gobierno del general Jorge Ubico, comprendiendo que, aunque el mandatario había dejado el poder, la tiranía continuaba. La gran mayoría de guatemaltecos acusaba en voz baja y temerosa, al gobierno provisorio del general Ponce Vaides, como el responsable del crimen.

El descontento y la desesperanza se generalizó entre la gran mayoría de los guatemaltecos, fundamentalmente por el temor al continuismo ubiquista, ya que inclusive se comentaba a voces, que Ubico seguía gobernando desde fortaleza de la 14 calle, y que Ponce Vaides no era nada más que un fantoche del depuesto tirano, y de su partido el Liberal Progresista.

La muerte de Alejadro Córdova agudizó los conflictos de años y el repudio por Ponce, quien desde la renuncia de Ubico se había acomodado en la silla presidencial, degustando las mieles del poder, olvidando por completo su misión puntualísima, la de ser un gobierno de transición.

De ese día en adelante, los días volando en Guatemala, y mientras Ponce Vaides se trataba de reponer de aquel impacto político tambaleando su endeble régimen, la ciudadanía fraguaba, en voz baja y en reuniones discretas nocturnas, la revolución más luminosa que haya conocido nuestra historia, la del 20 de octubre de 1944.

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