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Columnistas

“Cartas escogidas”

opinion

Viaje al centro de los libros

La Editorial Alfaguara publicó la correspondencia de William Faulkner (1897-1962), según la cuidadosa selección y anotaciones de Joseph Blotner, bajo el título de Cartas escogidas, que es un verdadero tesoro, porque se lee con asombro y morbo, porque es como escarbar en el día a día de un autor fundamental, que participó fundamentalmente en la transformación de la literatura universal y, en particular, de la latinoamericana, porque casi todos los grandes del Boom quedaron marcados tras la lectura de su obra.

 

En la primera sección, aparecen reunidas las cartas que mandaba a su madre desde Europa, cuando alrededor de los 27 años andaba recorriendo el mundo, dedicado en París a la escritura febril, creando cuartillas a mano, escribiendo poemas, disfrutando de la creación sin ataduras ni limitantes. Su mirada era fresca y abierta al mundo. No le gustaba pasar por gringo, porque los dólares valían mucho y los turistas llegaban como reyes a una ciudad que se estaba reponiendo de los estragos de la Primera Guerra Mundial. Regresa al Mississipi, a su natal Oxford, sintiéndose comprometido con su vocación.

 

Entre 1927 y 1932, Faulkner escribe las cuatro novelas que lo hicieron memorable: El ruido y la furia, Mientras agonizo, Santuario (que le hizo sentir brevemente, en Nueva York, el sabor de la celebridad), y, finalmente, Luz de agosto, novela que al menos yo considero su obra cumbre. Fueron años de furor, de escribir con intensidad, de aprender a reponerse de los continuos rechazos. No entendía por qué le devolvían los originales, si le parecían lo mejor que se escribía en Norteamérica, pero volvía a trabajar el texto y convertía los relatos en algo diferente. Hasta que le empiezan a publicar, y se va dando a conocer en el mundillo literario. Su editor le impide apariciones públicas para que no lo atraigan los editores más importantes. Se embarca en la dependencia de los agentes literarios, que al principio lo ayudan y luego le sorben la sangre. Y aprende a sobrevivir escribiendo cuentos para revistas literarias.

 

Sus grandes libros ya están escritos, pero tendrá qué pasar mucho tiempo para que las ediciones pasen de pequeños números a lo que sería décadas más tarde. El fantasma del cine se le ofrece provocativamente, y acepta por temporadas, escribiendo guiones en California. Lo hace por la paga. (Continuará)

 

mendezvides@itelgua.com

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