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Columnistas

La melancolía

opinion

Viaje al centro de los libros

El mundo antiguo asoció la locura con la posesión divina o demoníaca, y se practicó el exorcismo hasta cuando la medicina y la ciencia prevalecieron sobre la superstición. La locura era fatalidad o castigo para los judíos, y en la India creían que los epilépticos estaban poseídos por perros-demonio, y los babilonios y mesopotámicos entendían que la locura se debía a la invasión de los espíritus, a la hechicería o al “mal de ojo”. Eurípides decía que: “Los dioses vuelven locos a los hombres antes de destruirlos”.

 

Eso que hoy llamamos depresión, se identificaba de una manera más sonora y hermosa como “melancolía”, ese estado de ánimo que también motivaba a los místicos a lacerarse y herirse mortificándose, alcanzando estados de trance y gozando visiones luego de sufrir ayuno por largas temporadas, o poseídos por ángeles y demonios.

 

La melancolía se llegó a comprender como una de las cuatro secreciones o humores que determinan la salud y la enfermedad, según la medicina hipocrática, cuando se describía lo oscuro como malo, siendo “un líquido oscuro que casi nunca se encontraba en forma pura y que era responsable de oscurecer los otros fluidos, como cuando la sangre, la piel y las heces se tornan negruzcas, también era la causa del pelo oscuro, de los ojos negros y de la pigmentación de la piel”. Dicho fluido se percibía tangiblemente como una sensación de frío y sequedad, lo que quizá nosotros entendemos como los escalofríos que nos recorren el cuerpo en momentos de miedo o preocupación. La bilis negra o melancolía procedía del hígado y cuando subía a la cabeza provocaba alucinaciones, la locura de los románticos, de quienes creían que se convertían en otra cosa, o veían gigantes donde había molinos de viento, o identificaban a una mujer deslizándose entre la arboleda como el rayo de luna de Becquer.

 

La Breve historia de la locura de Roy Porter es un ensayo sobre la locura, su asociación con los dioses y demonios, la racionalización filosófica, el encierro en asilos y la cura gracias al desarrollo de la psiquiatría moderna. Publicada por el Fondo de Cultura Económica, nos induce a advertir que hemos pasado por estancias oscuras y salvajes, y que quizá estemos vivos y cuerdos por suerte, o simplemente pertenezcamos a los llamados locos en todas las etapas de la civilización por ser simplemente algo raros. Y después de todo, de loco, médico y poeta todos tenemos un poco.

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