Domingo 27 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Obra pública: ¿visión de hormiga o de águila?

“El mejoramiento constante del proceso de planificación es un prerrequisito para garantizar la estabilidad política y el orden social”. Gonzalo Martner “La reconstrucción de la planificación en la democracia”.

Fecha de publicación: 16-09-20
Por: Edgar Balsells

Los colegas de la oficina que me acompañan en la aventura de analizar las obras públicas municipales y el listado geográfico de obras, han dado en llamarlas obras hormiga, en contraposición a obras con visión de águila, que irradian sus efectos multiplicadores a nivel de región, nacional o  internacional, promoviendo las exportaciones y el acceso a mercados.

La hormiga roja del Petén, científicamente llamada ‘Formica rufa’, si bien beneficiosa para el equilibrio ecológico, busca incrementar la materia orgánica en los pequeños espacios en donde habita, es además sociable entre su especie y vive en colonias que están compuestas generalmente de muchísimos individuos. Su ciclo de vida, si mucho de tres años, trasciende en un microespacio, tan pequeño como el parangón espacial de alguno de los 340 municipios de esta república aún bananera.

Por el contrario, la visión de cualquiera de las águilas que circundan el territorio, léase el Milano cabecigrís (‘Leptodon cayanensis’), o bien el Busardo colorado (‘Busarellis nigricollis’), es de cuatro a ocho veces más potente que la del humano promedio, lo que significa que la tienen de 20/5 o 20/4, en lugar de la agudeza visual humana, denominada 20/20. Una visión de águila y aérea se necesita primero, para luego conectar obras hormiga.

El anteproyecto del presupuesto presentado para 2021 contempla Q20.5 miles de millones de inversión pública. Ello permite proyectar que con la mira a 2030 si multiplicamos tal cifra por los 10 años restantes y le añadimos algún incremento anual convencidos que es la inversión y no el funcionamiento propiamente burocrático lo que cuenta, gozaríamos de un espacio de más de Q200 mil millones para dedicarlo en diversas prioridades. Si vamos hacia un modelo turístico sostenible, por ejemplo, bien sabemos que nuestro patrimonio cultural es superior a cualquiera de los paraísos caribeños o de allende el sur centroamericano. Aquí, por ejemplo, la sostenibilidad de las cuencas y principalmente de la biosfera maya es lo primordial.

La visión de águila permitiría ver el bosque por completo, y no solo la ramita del árbol que seguramente será destruida en los próximos diez años si el bosque no se conserva y se restaura. Y es que, tomemos por azar el racimo despenicado de obritas hormiga asignadas en 2021 a Sololá, para determinar por ejemplo, si hay desde hoy una constancia que lo prioritario es el salvamento de un lago que va, ineluctablemente, a convertirse en otro Amatitlán:

Únicamente Q221 millones van para el departamento de Sololá, es decir el 1.1 por ciento del total del presupuesto de inversión. Bien se sabe que el municipio del mismo nombre, conjuntamente con Panajachel, son los que más inmundicia diaria depositan directo al bello lago. Sin embargo, de las obritas hormiga dedicadas al agua tan solo hay dos, y ninguna a lo sanitario, dentro del listado completo geográfico de obras. Y ambas por variar no rebasan los Q900 mil cada una y están dedicadas al agua potable en dos pequeñas aldeas del municipio. No hay nada de plantas de tratamiento, ni mucho menos se presenta algún ambicioso proyecto de ingeniería sanitaria. Y es más, bien se sabe que la mayoría de plantas de tratamiento alrededor de la cuenca se encuentran sin funcionar bien, y en otros municipios adyacentes ni siquiera se tiene contemplado un terreno adecuado para la construcción y el reciclaje. Y ni siquiera se tiene claro de que la limpieza del lago debe ser integral y no de voluntades fragmentadas, pues lo que un municipio intenta hacer es contrarrestado por la externalidad negativa del otro, concepto central este de la propiedad en común en materia de recursos naturales.

En el plano de la visión de las águilas, muy bien se entiende que hay inversiones núcleo o centrales, que irradian al entorno de las abundantes hormigas, siendo que las pequeñas obras locales, si bien necesarias son parte de la fuerza gravitacional de grandes. Así, los gringos  tienen en el valle del silicón, muy cerca de San Francisco, un centro de irradiación tecnológica, no solo de escala nacional, sino internacional, que compite palmo a palmo con sus similares alrededor de Pekín y la costa este de la gran China. Mucha materia gris y poca aversión a la planificación territorial es necesaria para entender esto, y si chinos y norteamericanos han hecho sus intentos, bien vale también nosotros.