Miércoles 30 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Aumenta el rechazo al “Pacto de Corruptos”

Crece la indignación ciudadana que, a raíz de la pandemia, adquiere otras formas de expresión.

Fecha de publicación: 15-08-20
Por: Rosalinda Hernández Alarcón/ La Cuerda

En el panorama desolador que se observa en Guatemala como consecuencia de las sandeces del gobierno central y las violaciones al régimen jurídico que comete el “Pacto de Corruptos”, también ocurren manifestaciones de inconformidad protagonizadas por representaciones sociales y fuertes críticas a las instituciones públicas y sus funcionarios; unas ubican al aparato estatal como responsable de las injusticias, mientras otras reconocen como origen al sistema neoliberal, patriarcal y racista porque reproduce grandes desigualdades sociales.

Cuando se empezó a denominar el “Pacto de Corruptos”, fue muy evidente que se trataba de la convergencia de diputados interesados en modificar leyes que les garantizaran la impunidad para todas sus tranzas. Ahora está claro que además lo integra la mayoría de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el jefe del Ejecutivo, la titular del Ministerio Público y representantes de cámaras empresariales. A todos ellos hay que ubicarlos como una corriente política no partidaria que -aunque lo quiera ocultar- le ha apostado a fortalecer un Estado mafia, reaccionario, protector del despojo y de la acumulación de capital.

Cabe destacar que esta alianza en su esencia contribuye a la expansión de los tentáculos del narcotráfico y el crimen organizado. Así que gente con cuello blanco, trajes sastre, títulos universitarios, orígenes oligárquicos, pregonera religiosa y fiel practicante de actuaciones diplomáticas; camina junto con personajes toscos y ostentosos, mal hablados, sin especialidad académica ni cuna de prestigio. Están entrelazados, forman parte de todo el entramado del “Pacto de Corruptos”, que además de proteger la impunidad y la manera autoritaria de gobernar, ignora la situación de desigualdad que vive la niñez y juventud, las mujeres y los pueblos indígenas; hoy agudizada por la pandemia del COVID-19.

La desfachatez del “Pacto de Corruptos” ha llegado a tal punto que en la actualidad recibe fuertes críticas incluso de representantes que defienden el sistema extractivista neoliberal, las que van en aumento y son compartidas a representaciones de otros países, organismos internacionales de derechos humanos y de la banca mundial. Eso significa que el rechazo al “Pacto de Corruptos” rebasa las expresiones ciudadanas, comunitarias, de izquierda y progresistas, al sumarse hoy voces de la derecha moderada. En este marco, la condena a la corrupción adquiere nuevos bríos, la interpelación es a las instituciones públicas y privadas e implica el repudio a cualquier transacción ilícita y toda relación espuria porque violentan el bien común, ya que la sustracción de importantes bienes significa la imposición a formas de vida indignas para amplios conglomerados.

Las expresiones de indignación están presentes en diferentes lugares del país con identidad propia y en campos de acción distinto. En su narrativa destaca su convencimiento a ejercer derechos, su defensa a una vida sin violencias, su decisión a establecer nuevas formas de relación social y con la naturaleza, su convicción a pensar de manera crítica y a exigir justicia inmediata; en suma, a vivir con dignidad.