Domingo 27 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Sin sentido de prioridades

Por: Jose Rubén Zamora

Fecha de publicación: 10-08-20

 

Llevamos semanas, meses quizás, inmersos, estancados, en incesantes y enfermizos ensayos de “prueba y error” recurrentes, con variaciones del mismo disfraz, observando rondas de rituales y ortodoxias fallidas, con el afán de descabezar la Corte de Constitucionalidad, como paso previo, no obstante, indispensable, para luego forzar, sin problemas, la salida del vicepresidente Guillermo Castillo, del presidente del IGSS y del controversial PDH.

 Detrás de esta especie de liturgias con trasfondo insospechado y motivaciones diversas, están aliados el Pacto de Corruptos, coordinado y conducido desde el más alto nivel del Ejecutivo, y apoyado por sus muy onerosas mayorías en el Congreso y en la Corte Suprema de Justicia; las mafias criminales, y, sorprendentemente, por las más conspicuas e insignes organizaciones y asociaciones privadas de rancio y aristocrático abolengo y alcurnia, con el único propósito en común, de dar un golpe de timón a la institucionalidad, y de un manotazo mostrar quién manda y está a cargo del país, de suerte que en adelante, nadie se atreva a mover de base.    

 Mientras somatan la mesa y se rasgan las vestiduras, debido a su presunto apego a la Ley y sus instituciones, el país se cae en pedazos: la salud pública está colapsada, con apenas 56 mil infectados y más 2 mil muertos, cuando aún la curva de contagios, fallecimientos y recuperados, no ha alcanzado su pico más alto.

 Sin percatarnos, experimentamos, una severa crisis fiscal y de endeudamiento, en el corto, mediano y largo plazo, que anuncian un panorama de serias preocupaciones e incertidumbres. Un gran número de empresas apenas flotan entre la iliquidez y la insolvencia, mientras han agotado colaterales y garantías para nuevas rondas de financiamiento fresco. 

 Con el agravante de que se carece en Guatemala, de Fondos de Garantías y sobre todo de Fondos de Inversiones ágiles, que puedan entrar a apoyar a las empresas con tropiezos financieros, en tanto superan la crisis causada por la pandemia, para más tarde decidir si se quedan de accionistas o proceden, en un proceso inteligente a desinvertir. 

 El desempleo debe ser muy elevado y no existen estadísticas confiables para dimensionar el problema, menos para encontrar políticas remediales para abordar, mitigar y aliviar este problema explosivo latente. Las brechas y déficit sociales se caracterizan por una tendencia creciente, mientras la clase media se empobrece, en un contexto de desigualdad sin precedentes.

Experimentamos una crisis de confianza sin parangón entre todos los sectores y dentro de cada sector. Nadie cree en nadie. La seguridad y la gobernabilidad, desde cualquier perspectiva, son volcanes a punto de ebullición.

La percepción generalizada de la población es que la corrupción y la impunidad siguen desbordadas y son el único camino para lograr movilidad y ascenso social.

 Por último, entre tantos otros asuntos importantes, la educación ha colapsado: su calidad y cobertura han alcanzado un deterioro abismal, a lo que se ha sumado la cancelación de clases presenciales, que en términos prácticos simplemente significa varias generaciones perdidas y la imposibilidad, sin una población joven con educación de calidad, la imposibilidad de poder crecer la economía sobre una base sostenida. Ni siquiera en esta calamidad, se ha considerado erradicar los lesivos sindicatos del Estado, que como el de Joviel, sin detenerse a pensar en el futuro de las niñas y niños, solo piensan como pirañas insaciables, en atragantarse con cinismo, de los presupuestos destinados a nuestros jóvenes que carecen de todo, sobre todo de educación. 

No cabe duda que ni en emergencias desarrollamos sentido de prioridades y solo somos capaces de perfeccionar aún más este laberinto perfecto que llamamos Guatemala, es decir sin salida.