Miércoles 23 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Corrupción, la otra pandemia

Sin embargo en medio de la crisis salió a flote el verdadero Giammattei, sus intereses políticos y económicos…

Fecha de publicación: 06-08-20
Por: Miguel Ángel Albizures

No sé qué es más grave para el país si la pandemia causada por el COVID-19 o la pandemia de corrupción provocada por los políticos y funcionarios que dominan el país, quizá, no por gusto, el diccionario define la pandemia, además de peste, enfermedad o plaga, como una tiranía, camino que estamos recorriendo ante las nefastas decisiones del Gobierno demoliendo la institucionalidad de la Paz e implementando medidas en contra no solo del Vicepresidente, sino del Magistrado de Conciencia y de todo aquel que no responda o no acate sus decisiones arbitrarias.

Y es que el Estado está siendo carcomido por la pandemia de políticos corruptos incrustados en los tres poderes del Estado, con las raras excepciones de quienes mantienen la dignidad a prueba de los bombazos en quetzales, las acusaciones sin fundamento, las presiones de toda índole y las campañas de descrédito que se encargan de hacer quienes se llaman sus amigos, pero que, en la práctica, responden a los intereses del Pacto de Corruptos. Si uno da seguimiento a lo que sucede en el Congreso, se encuentra con una partida de diputados que poco o nada les importa el país, para ellos las transas son primero en la implementación de leyes y comandan, en cierta forma, el equipo de corruptos y corruptores para negociar toda clase de servicios y de nombramiento de altas autoridades. Ahí y en la finca de Santo Tomas se barajan los nombres de los posibles integrantes de la Corte Suprema de Justicia, se traman acciones contra el Vicepresidente de la República,  contra el procurador de los Derechos Humanos o contra los Magistrados que representan la dignidad en la CC y en la CSJ

Al principio de la COVID-19 el Presidente Giammattei no parecía pertenecer a ese grupo, y con sus acciones frente  a la crisis -aunque no se estuviera de acuerdo con todo-empezó a ganar cierto reconocimiento, pues era de suma importancia cerrar el país y asumir medidas drásticas en municipios en donde se iniciaba, para evitar la expansión del virus. Sin embargo en medio de la crisis salió a flote el verdadero Giammattei, sus intereses políticos y económicos,  el intolerante, el entreguista de recursos naturales y protector de las grandes transnacionales hasta lograr una caída estrepitosa de su popularidad y hasta el rechazo de los pueblos mayas, garífunas y xincas, mientras, obedeciendo órdenes, gana el reconocimiento de quienes querían la apertura de todo sin importar la vida de los trabajadores y sus familias que podrían sufrir el contagio. Y si nos trasladamos al Organismo Judicial, pues la pandemia la sufren diferentes instituciones empezando con la Corte Suprema con la excepción de las dos ilustres magistradas María Eugenia Morales y Delia Dávila que mantenido una digna posición y que no han dudado en hacerla pública.

Ahora al presidente Giammattei le entró el ansia por desbaratar la institucionalidad de la Paz empezando por Copredeh, la Secretaría de la Paz y nada menos que el Programa Nacional de Resarcimiento, lo cual representa un atentado contra la dignidad de las víctimas, pues a través del Acuerdo Gubernativo 100-2020,  tal y como lo señalaron en el amparo interpuesto contra esas decisiones, se hace acreedor de un proceso penal por la alteración de los Acuerdos de Paz y ser violatorio de importantes artículos constitucionales.