Miércoles 23 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Voto en contra

El vicepresidente Guillermo Castillo fue la única razón para otorgar el beneficio de la duda a quienes llegaron al poder sin el apoyo del pueblo sino por el repudio a la contrincante.

Fecha de publicación: 04-08-20
Por: Estuardo Porras Zadik

Una vez más, vemos las consecuencias de votar en contra de Sandra Torres y elegir presidente de la república a quien en su momento parecía ser el mal menor. De Jimmy Morales poco se puede decir que no se haya dicho o visto ya. El que aún considero el peor gobierno de la historia de la era democrática del país, fue la antesala y el andamiaje de lo que está en proceso de convertirse el gobierno de Alejandro Giammattei. El manoseo de la justicia y el irrespeto por la Corte de Constitucionalidad durante el desgobierno de Morales, mostraron que el desacato del gobierno de turno hacia las disposiciones de la más alta Corte del país es factible. La misma tolerancia, por no decir complicidad, vemos hoy en el Ministerio Público que heredó Giammattei de la antigua administración. Lejos quedaron las promesas de campaña que ofrecían un cambio.

Envalentonados, quienes piensan que los actos ilegales conllevan solo réditos, no se inmutan con los mensajes entre líneas que vienen del norte. Ni modo, Estados Unidos tiene sus propios problemas, que hoy se asemejan mucho a los nuestros. Los “lobistas” en Washington, que pavimentaron el camino para que Morales saliera ileso, hicieron posible el retroceso institucional que hoy padecemos. De interés para el presidente Donald Trump –a quien seguramente debieron explicarle que Guatemala no es una provincia de México–, darle a un aprendiz de dictador un “pase libre de la cárcel” a cambio de unos cuantos favores políticos se convirtió en una victoria para el “pacto de Morales”; así se vendió nuestra institucionalidad, se decapitó a la justicia y se puso en riesgo nuestra democracia. Ahora bien, ante la posible reelección de Trump o ante un cambio en la Casa Blanca, el interés por la región volverá a ser el de un vecino incómodo. Una región en la que la corrupción e impunidad son responsables de la inmigración ilegal e inseguridad; un mal que, independientemente de quién llegue a la Casa Blanca, el Departamento de Estado abordará de la manera en la que lo hacía antes de Trump. Es por ello que los mensajes de la 20 calle empiezan a ser en español; al parecer, en inglés o entre líneas no son comprendidos.

Al parecer, el presidente Alejandro Giammattei tiene muchos esqueletos escondidos en el closet que no nos dejan ver con claridad quién es realmente, cuáles son sus intenciones, quiénes son sus aliados y, lo que es más importante aún, hacia dónde pretende llevarnos. Tanto Morales como Giammattei son el resultado del repudio de la población por Sandra Torres, una especie de amuleto que le garantiza a cualquiera que no sea ella, convertirse en presidente de Guatemala. Ojalá, de una vez por todas, quede ella vedada y no intente llegar al poder, así tal vez votemos a favor y no en contra.

Hasta el momento, nada ha cambiado con la llegada de Giammattei a la Presidencia. Ni siquiera ha sabido aprovechar la pandemia del COVID-19, como tantos otros líderes lo hicieron en momentos críticos de la historia, para reinventarse. Al contrario, su llegada parece darle continuidad a la historia que él prometió cambiar. Pronto, muchos de los que se adhirieron a Morales y su pacto, y que por inercia se mantienen pegados al del actual gobierno, cobrarán conciencia del monstruo que alimentaron y de las consecuencias que los ponen en riesgo. Los americanos lo harán, si es que no lo han hecho ya, recordándole al mandatario que a “Willy” no se le decapita fácilmente.

El vicepresidente Guillermo Castillo fue la única razón para otorgar el beneficio de la duda a quienes llegaron al poder sin el apoyo del pueblo sino por el repudio a la contrincante. Si de verdad quiere el presidente que “nos unamos todos”, que nos dé motivos para hacerlo, y que proteja lo poco que nos queda de capacidad, solvencia e institucionalidad. Este es el momento para marcar distancia y ponerse del lado correcto de la historia, dando su apoyo incondicional y público al vicepresidente Castillo; su cabeza es señal de que él sí está escogiendo el camino correcto. Veamos qué hacen el presidente, sus allegados y todos los que alguna vez han alzado la voz…