Martes 29 DE Septiembre DE 2020
Opinión

La costumbre de vivir

“Lo que se escucha es el clamor popular”.

Fecha de publicación: 30-07-20
Por: Méndez Vides

La “costumbre” impresiona en Guatemala por la fuerza con la que se aplica al hecho de vivir. Me rebota en la mente la memoria de una conversación con una mujer en el área rural, explicándome alrededor del fogón el terror que para ella significaba el humo de leña, porque la estaba matando. Tosía cada cuando, de una manera que hoy hubiera espantado a cualquiera. El cuarto era de block tiznado sin repello, con el techo de láminas y palma, y el piso de cemento fraguado. El poyo encendido expulsaba la llamarada ardiendo debajo de una plancha de metal, y salía humo por todos lados, a pesar del ducto de la chimenea de latón que daba al exterior. El aroma era delicioso, a tortilla caliente. De no ser por la leña, el ambiente se hubiera sentido helado, como estaba afuera. La mujer bien abrigada estaba sentada en una silla de plástico café, contándome el dictamen del médico: “O deja de cocinar con leña o se muere”. Ella volvió a casa muy afectada, y mientras el marido devoraba los frijoles, le contó el resultado del diagnóstico. El marido se limitó a bajar la cabeza, tragó amargo y asumió la vida, porque su función es proveer la leña para el hogar y de ella utilizarla.
Continué el recorrido por la siguiente aldea, y en una casa idéntica conversé con un hombre que ya había cumplido su tarea de trabajo en el campo, había comido y estaba en el exterior observando el panorama, sin huellas digitales en las manos, contemplando a los niños jugando en un reino de aves de patio, atento al disturbio de ruido de motores que llegaba de la carretera próxima. Charlamos sobre la maravilla de la leña, porque la naturaleza es sabia, porque si el hombre usa lo que el árbol deja, todo marcha en equilibrio. Tratando de quitarme la duda sobre la experiencia anterior argumenté cuál sería su reacción si su pareja estuviera en un caso de enfermedad pulmonar que le impidiera cocinar con leña, por motivo de salud. Y sin empacho, ante la mujer, la suegra y los hijos presentes dijo que sería una verdadera lástima, porque entonces tendría que morir. “Es la costumbre” dijo, “yo muero cada día cuando subo de madrugada a trabajar la tierra, y ella ante las brasas”. No mudó la expresión, hablaba con firmeza y claridad.
La noticia del levantamiento de algunas restricciones después de tantos meses en el encierro alborotó al país. La fuerza de la costumbre de vivir se impone. No es asunto de intereses de unos u otros, lo que se escucha es el clamor popular. La muerte no parece asustar tanto como el encierro languideciendo.