Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Opinión

Tiempos de intolerancia

Fecha de publicación: 13-07-20
Por: Editorial

La intolerancia se traduce en la negación o restricción de la libertad de expresión de ideas, que es un derecho fundamental. En todo caso, el respeto a la libertad de pensamiento y expresión es esencial para que las personas puedan externar o manifestar sus pensamientos, ideas, ideologías, sueños, enfoques, opiniones, puntos de vista, válidos o legítimos para unos, o equivocados para otros, así como para que la ciudadanía se mantenga informada, para que el debate pacífico sustituya a la supresión del otro y la violencia, para que los gobernantes se impongan de lo que piensa la oposición política y la disidencia. En fin, la regencia de la paz y la armonía en la diferencia.

Al respecto Jorge Eduardo Fascetto expresa que “no hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión de ideas, y el ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades, sino un derecho inalienable de los pueblos”.

Sin tolerancia la confrontación de ideas no es posible y sin esta esencial contradicción no hay inteligencia crítica y sin ésta el pensamiento crítico cede ante el dogma, la demagogia, el fanatismo, el anti diálogo, el abuso y la imposición.

En ese sentido, Gregorio Badeni afirma que “si a las personas se le niega el acceso a la información, se les veda expresar sus pensamientos, se les priva de su derecho a emitir y conocer opiniones, la manifestación de sus ideas no será libre. Sin libertad de expresión no puede haber convivencia democrática ni como forma de gobierno ni como estilo de vida”.

En América Latina, la intolerancia y la resistencia y criminalización de la libertad de expresión de ideas siguen siendo una realidad ostensible y lamentable. También en los EE. UU. y en Europa los niveles de intolerancia han ido elevándose conforme se fortalecen los extremismos, se afianza la pretensión de grupos de poder por imponer un pensamiento único y los enemigos de la democracia arremeten, con odio, contra las instituciones y el régimen de legalidad.

En el mundo entero, especialmente en los estados autoritarios o totalitarios, los comunicadores son objeto de atentados, agresiones, censuras, encarcelamientos, destierros y, por supuesto, de la barbarie de cobardes e intolerantes que no soportan que se diga la verdad, que se les contradiga o, peor aún, que se les denuncie y evidencie. Asimismo, los periodistas tienen que enfrentar a regímenes despóticos, así como a la impune delincuencia organizada, que no soportan la crítica, la disidencia ni el periodismo de investigación.

Hace 500 años, Erasmo de Rotterdam escribió: “Criticar la vida de los hombres ¿es sarcasmo o más bien advertencia o consejo? ¿no ejerzo yo la autocrítica sobre mis muchas faltas? por lo demás cuando no se excluye a ningún hombre es claro que se censuran todos los vicios, no los de un individuo. Quien se ofende por haber sido herido está poniendo de manifiesto su conciencia culpable o al menos sus temores”.