Miércoles 30 DE Septiembre DE 2020
Opinión

LA CANTINA Guatemala post CICIG: la fiesta del Pacto de Corruptos

El Pacto de Corruptos ha podido ganar muchas batallas porque no se generaron candados y un blindaje a los logros obtenidos por la CICIG.

Fecha de publicación: 13-07-20
Por: Ana María Méndez Dardón

La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala -CICIG-, finalizó su mandato en septiembre de 2019 en un contexto de grandes riesgos al respeto del Estado de derecho y a las reglas democráticas del país. El retiro de la CICIG dejó un vacío enorme y, lamentablemente, no se impulsaron acciones para fortalecer sus logros alcanzados durante doce años de trabajo e implementar las recomendaciones realizadas para el fortalecimiento de la justicia y el Estado de derecho.

El pacto de corruptos ha podido ganar muchas batallas porque no se generaron ‘candados’ y un ‘blindaje’ a los logros obtenidos por la CICIG y así garantizar medidas de no repetición para los actos criminales de sus operadores. Batallas que ponen en riesgo la democracia, la independencia judicial y el respeto al orden constitucional. Actualmente lo estamos viviendo con la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Cortes de Apelaciones y con la persecución y hostigamiento contra los magistrados de la Corte de Constitucionalidad. Y por si esto fuera poco, la intención de remover del cargo al Procurador de los Derechos Humanos solo porque no se ha doblegado a sus intereses.

No olvidemos que fue gracias a la CICIG que se logró evidenciar que en Guatemala existe una “cooptación del Estado” que tanto se ha hablado en los últimos años. ¿Qué significa? Que existe un sistema complejo de redes criminales, con múltiples actores interviniendo, jerarquías operativas e instituciones bajo influencia o “reparto”, quienes realizan negocios ilícitos millonarios que dañan al patrimonio del Estado y a la sociedad en su conjunto. El resultado es el mismo: el chompipe de la fiesta siempre es el pueblo quien se ve privado su derecho al desarrollo y al acceso a los servicios básicos.

Tras la salida de la CICIG las redes criminales se han fortalecido y la ilicitud ha ganado terreno desde altas posiciones de poder político y en las instituciones de justicia. También, la legitimidad del sistema democrático se ha menoscabado, dado que la ciudadanía no nota beneficio alguno de las acciones públicas, poniendo en duda la integralidad del sistema mismo, que en realidad es una falacia, no una democracia real, funcional y participativa.

No podemos retroceder, el pueblo no debe permitirlo. El Pacto de Corruptos, como coalición dominante, ya ha logrado bastante y este es el momento de exigir que se elijan magistrados y magistradas que cumplan con los requisitos de capacidad, idoneidad y honradez. Es lo mínimo que podemos hacer como pueblo, porque queremos una justicia imparcial. Guatemala no puede olvidar a la CICIG, sus hallazgos y lecciones aprendidas respecto de la captura del Estado, la corrupción y la impunidad. Con la firma de la paz dijimos “Nunca Más” y faltamos a esa promesa, con la salida de la CICIG ya ni siquiera prometimos nada y ahora no hay quien pueda defendernos más que nuestra conciencia colectiva como un pueblo que merece justicia.