Lunes 3 DE Agosto DE 2020
Opinión

¿Por qué no? Muchas cosas por hacer…

Sin un concepto integral –y la flexibilidad para corregir cuando es necesario–, ninguna estrategia compleja y con riesgos, puede alcanzar el éxito deseado.

Fecha de publicación: 08-07-20
Por: Gonzalo Marroquín Godoy / ENFOQUE

No es lo mismo tener buenas ideas –para cualquier cosa que se pretenda realizar–, que enmarcarlas dentro de una estrategia en donde se contemplan todas las acciones a seguir, con una visión de 360 grados, lo que permite decir que es algo ‘integral’, que ha tomado en cuenta todos los aspectos y, si algo quedara fuera, tenga la flexibilidad para incluirlo, con el fin de alcanzar las metas deseadas.

Cuando esas buenas ideas no se integran, cuando se toman de manera aislada, sin un hilo conductor sólido, cuando el reto a enfrentar es enorme y se da en un país complejo en su sociedad y diversidad –como Guatemala–, es difícil que se puedan obtener los resultados necesarios. Si a ello sumamos que quien tiene que elaborar y ejecutar la estrategia o simples acciones, no está preparado, pues la situación se complica, exactamente como nos está sucediendo ahora.

He escuchado a personas que justifican la respuesta y errores del gobierno ante la sacudida que nos está pegando el COVID-19 en materia de salud y economía –con su componente social–. Dicen que ‘el pobre Giammattei apenas tenía dos meses en el cargo’, cuando empezó la emergencia sanitaria… ¡y es cierto!

Pero esa no es más que parte de la causa para que estemos como estamos. Trataré de explicarme. Lo que ha hecho ese nuevo coronavirus es desnudar la forma en que se lleva a cabo el quehacer político en Guatemala. Para muestra un botón: En Uruguay, el presidente Luis Lacalle tenía apenas quince días de haber asumido cuando estalló la crisis, y hoy ese país es ejemplo por la forma en que se ha manejado el tema de salud, la economía y la atención social.

Lo primero, Lacalle no tuvo que cambiar equipo, porque la selección de sus ministros se hizo en base a calidad de las personas y no a intereses personales o de partido. No voy a seguir con las comparaciones, porque Uruguay tiene un mejor sistema político que el nuestro y la corrupción no se aproxima siquiera al nivel de la nuestra.

Pero el problema principia con la gente que hace el plan estratégico. Si la gente que lo hace no es capaz y honesta, es difícil que vaya a ser algo eficiente e integral, es decir que contemple todas las aristas necesarias.

Giammattei –y hay que reconocerlo–, salió con algunas acciones atinadas, como el pronto cierre del país, el confinamiento para promover distanciamiento social y uso de mascarillas, pero no se sentó a hacer un plan estratégico integral, sino más bien se fueron aplicando ideas por aquí, ideas por allá.

Lacalle hizo con su gente –capaz– un plan integral. Pero partió de un aspecto muy importante: Credibilidad. Rebajó su sueldo y el de todos los funcionarios públicos que ganan más de Q15 mil. Uruguay no es un país grande y estoy seguro que esta medida no representa una gran masa monetaria ¡pero es un gran ejemplo! Lo demás se pudo cumplir mejor. Aquí, en cambio, todos hemos tenido que pagar algo por la pandemia, menos los burócratas y politiqueros. Eso, sin contar que no se han llevado a cabo acciones determinantes para parar la corrupción.

¿Por qué no se contempló desde el inicio la atención social?; ¿por qué no se han seguido ampliando las capacidades hospitalarias?; ¿por qué no hubo una campaña para crear conciencia?; ¿por qué no se ha encontrado una forma de contratar personal médico de manera expedita? Seguramente se hará ahora que dicen que las camas en los hospitales son insuficientes, así como los médicos o la capacidad de atención intensiva.

Demasiados ¿por qué no? No se atiende bien el problema social –si no, basta con ver el retraso en la entrega de la asistencia social y el número creciente de ‘banderas blancas’–. Las acciones aisladas, en una situación como la pandemia del COVID-19, obliga que haya un plan estratégico integral… y no brochazos por todos lados.