Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Opinión

El Estado soy yo

Preguntando la gente asustada, porqué son tan pícaros.

Fecha de publicación: 07-07-20
Por: Amílcar Álvarez

Es una frase atribuida a Luis XIV rey de Francia que, la corrupción se robó en el XXI en un país bananero, siendo la reina indiscutible con su tío Samuel haciéndose el loco, padeciendo la misma patología en otra dimensión, predicando sin convertirse. Pueblo azolado por la peste soportando las infamias de los políticos, pasando lo que tenía que pasar y seguirá pasando, si no reacciona cómo puede y debe hacerlo, con ayuda de la tecnología que excita la fantasía de la juventud y, transforma la naturaleza de las cosas, evolucionando la sociedad. No es una calamidad imaginaria ni novedad, es una realidad que carcome el alma, agravada al ser una política de Estado al servicio de la mafia, fundida en una sola cosa destruyendo el futuro del país, pareciendo una pieza teatral casual, con el defecto que es cierto lo que pasa. Un enemigo social con poder absoluto, por el dinero a granel repartido a funcionarios, políticos, empresarios, sindicalistas etcétera, con un estilo de gobernar manoseando la ley y la justicia a placer. Prevaleciendo un sistema en el que se rotan las personas pero no las ideas, con rivalidades tribales sin crítica ni autocrítica, imponiendo el poder paralelo su voluntad con impunidad total, aceptada de forma consciente o inconsciente. Y sin entender ni atender la crisis, sin salud política, económica y social, se derrumban los valores cardinales y sociales, la ideología, la religión y el espíritu, perpetuándose la corrupción como único modus fasciendi confiscando las aspiraciones de la sociedad, viviendo los olvidados sin vivir, a merced del crimen organizado, opción real por la miseria y ausencia del Estado en diferentes regiones del país.

Lo muestra y demuestra la conducta irregular de los diputados, elevada a categoría mafiosa, que sin respetar nada ni a nadie, nos llevan a un camino sin retorno, pervirtiendo los poderes del Estado sacrificando la democracia. Siendo obvia la prioridad de elegir una Corte Suprema de Justicia ad hoc y desbaratar la de Constitucionalidad, declarando con lugar un antejuicio artificial incoado contra cuatro magistrados. Diligencias a las que se les dio un trámite oficioso, contraviniendo el artículo 167 de la Ley de Amparo, Exhibición Personal y de Constitucionalidad, que en la parte conducente dice: los Magistrados…”No podrán ser perseguidos por las opiniones expresadas en el ejercicio de su cargo”. Esquivando los fallos judiciales que sientan jurisprudencia de obligatorio acatamiento para jueces y tribunales, afianzando la seguridad jurídica. Siendo las opiniones referidas en forma taxativa en el artículo citado, resoluciones y sentencias proferidas por la Corte que se respetan. En cuanto a la facultad de inhibirse de conocer en caso concreto, el artículo 170 de la misma ley lo regula en forma clara y precisa, sin servir de nada demostrar el error cometido al seguir al pie de la letra, el plan diseñado y hacer con la CC lo que hicieron con la CICIG por encargo, sin acatar las resoluciones de la Corte, incurriendo en responsabilidad penal. Persiguiendo a los Magistrados alterando la paz social pasando encima de la ley, insensibles al drama que se vive sin un rasgo de dignidad ni tener la conciencia en orden. Preguntando la gente asustada, porqué son tan pícaros.

En el análisis jurídico del caso prevalece un desorden deliberado, con sesgo ideológico. Siendo pertinente señalar que la Constitución no se interpreta, se cumple. Que las resoluciones y sentencias proferidas por la Corte de Constitucionalidad, se acatan y punto. Que la resolución proferida por los magistrados es apegada a derecho, careciendo los diputados de competencia para determinar y resolver sobre su legalidad. Y si desean lograr su cometido con ligereza, reformen la Constitución y las leyes que les estorban, sin marginar que lo ideal es abolir el antejuicio. Extraña el silencio de la iglesia ajena a la palabra del Señor y, de la Universidad nacional en agonía pura y dura, postrada y sin aliento para orientar y enfrentar la realidad. Joya. Un Estado débil es peor que una tiranía…