Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Opinión

¿Prisioneros de la geografía?

Ni México ni Canadá podían ser peligros reales para los Estados Unidos.

Fecha de publicación: 04-07-20
Por: Roberto Blum

Tim Marshall en la introducción de su libro ‘Prisioneros de la geografía’ reflexiona que Vladimir Putin, quien dice ser un hombre religioso y miembro de la Iglesia Rusa Ortodoxa bien podría al irse a dormir en su oración nocturna preguntarle a Dios “¿Por qué no pusiste unas montañas en Ucrania?”Y es que, si Dios hubiera puesto montañas en Ucrania, entonces la gran extensión de tierra plana que es el Norte de la llanura europea no sería un territorio tan tentador para atacar a Rusia como en realidad lo es. Putin no tiene otras opciones que al menos intentar controlar las llanuras ucranianas al oeste de su país. Así es con todas las naciones, grandes o pequeñas. El paisaje y la geografía aprisionan a los pueblos y a sus líderes, dándoles menos opciones y menos espacio para maniobrar de lo que generalmente se piensa.

En este tenor, parecería que la geografía es destino. En una geografía distinta los Estados Unidos no serían los Estados Unidos como Rusia no sería el expansivo imperio euroasiático que en realidad ha sido y seguirá siendo. Si bien se puede afirmar que el presidente Trump es una anomalía estadounidense, el primer ministro-presidente Putin no lo es. Vladimir Putin es la reencarnación actual de los zares moscovitas y de los jerarcas soviéticos quienes siempre lucharon, exitosamente o no, por extender sus fronteras en el este y en el oeste, así como buscar salidas a mares templados en el sur. En cambio, Donald Trump, al prometer a sus clientelas WASP, blancas, anglosajonas y protestantes, construir en el sur de su territorio una “bella muralla” e impedir el ingreso de las invasiones de los “morenitos” y de los musulmanes, así como estar debilitando y gradualmente destruyendo sus alianzas transatlánticas y transpacíficas está yendo contra la demanda política central de la geografía estadounidense.

El avorazamiento autocrático de Putin al obtener la legitimación popular de su poder unipersonal hasta el año 2036 es resultado de lo que él, sus aliados oligárquicos y muchos rusos consideran una necesidad imperiosa – defender a la “Patria rusa” de la nueva agresión Occidental que se cierne ya a tan solo cien kilómetros de San Petersburgo y a unos 450 de Moscú en la frontera ucraniana. Vladimir Putin y sus aliados sienten ya la asfixia creciente del encierro al que están siendo sometidos por Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Para Putin la democracia es una forma bella de gobierno, pero no le sirve a la “Patria rusa” en su defensa vital.

Los habitantes de las trece colonias inglesas de Norteamérica encontraron al oeste y hasta el océano Pacífico un extenso territorio poblado por poco numerosos nativos divididos en múltiples etnias. Ese era un territorio de clima templado, con fértiles planicies bendecido por numerosos ríos. Al norte había espesos bosques y al sur áridos desiertos, ambos prácticamente despoblados. Ni México ni Canadá podían ser peligros reales para los Estados Unidos.

Las flexibles instituciones políticas diseñadas para la federación norteamericana en 1787 y la riqueza potencial de ese país atrajeron a multitudes de hambrientos inmigrantes europeos que con su trabajo transformaron el paisaje, siempre protegidos por dos océanos y una creciente marina nacional.

Nuestra iberoamérica no cuenta con las ventajas geográficas ni institucionales de los Estados Unidos. Tampoco nuestra compleja geografía tropical nos permite establecer un gobierno autocrático eficaz, sino eficiente, como el ruso que los zares, los soviéticos o Putin han construido para su defensa. Así, quizás nuestro destino es tratar de construir gradualmente las instituciones adecuadas a las diversas geografías en que nos ha tocado vivir.