Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Opinión

La primera mitad de un año de prueba

El 2020 tendrá un lugar especial en la historia de la humanidad.  No ha terminado aún, pero se puede anticipar que dejará muchas lecciones… ¿por aprender?

Fecha de publicación: 04-07-20
Por: Gonzalo Marroquín Godoy / ENFOQUE

La historia de la humanidad está marcada por grandes acontecimientos, descubrimientos y personajes. Desde el descubrimiento del fuego, en tiempos inmemoriales, el caminar del hombre se ha visto acompañado por desastres naturales, guerras –gigantescas, medianas o pequeñas–, epidemias y pandemias, todo rodeado de movimientos sociales y políticos que han transformando y moldeando el mundo, hasta llegar a ser lo que hoy conocemos.

Conversando recientemente con un joven profesional, se sorprendió cuando le dije que esta pandemia no se compara con lo vivido por la humanidad en la primera mitad del siglo XX.  — ¿Cómo así? Se mostró incrédulo. Y entonces le hice un rápido repaso de lo que vieron y vivieron los bisabuelos y abuelos en las primeras cinco décadas del siglo pasado, aunque algunos de los hechos no tuvieron lugar en Guatemala, ni siquiera en territorio americano.

En efecto, entre 1914 y 1918 tiene lugar, principalmente en Europa, la Primera Guerra Mundial, que dejó un saldo de 17 millones de muertos –entre soldados y civiles–; en las postrimerías de esa conflagración, se produce el brote de la llamada ‘gripe española’ –que no era tan española–, la cual llegó a convertirse en una pandemia que cobró más vidas que la propia guerra entre 1918 y 1920: no menos de 50 millones fallecieron –algunos textos hablan de hasta 100 millones–.  Esta pandemia llegó a Guatemala bajo la dictadura de Manuel Estrada Cabrera en 1918 y según los textos históricos de la época, causó entre 43 mil y 150 mil fallecimientos.  Toda una tragedia nacional, cuando solo había 1.9 millones de habitantes.

En octubre de 1929 se produce el desplome de la Bolsa de Valores de Nueva York, y principia una década golpeada por la llamada ‘Gran Depresión’, que afectó las economías de la mayoría de países.  Es la más larga de las que se han dado desde entonces y, por mucho, la más severa.

No pasaron muchos años antes de que el mundo se viera envuelto en otro evento de gigantesca repercusión, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que dejó entre 40 y 100 millones de muertos por diferentes causas.  Aunque Guatemala no participó en ese conflicto global, si llegaron a sentirse efectos en los ámbitos político, social y económico.

Es decir que entre 1914 y 1945 se vivieron dos guerras mundiales, una pandemia terrible y la gran depresión.  Una cosa tras otra, cada una con saldo de millones de muertos y grave repercusión social.

Ahora estamos de nuevo ante una crisis sanitaria mundial.  El número de muertos ya supera el medio millón y los contagios se cuentan por millones.  Hemos visto en este primer semestre del 2020 algo que no se dio en aquellos eventos trágicos del siglo XX.  Para combatir el nuevo coronavirus se ha dado un aislamiento generalizado en todos los países, con consecuencias positivas –en vidas– y negativas –en la economía–.

Aunque es pronto para saber el impacto final que tendrá esta pandemia, seguramente será muy alto en vidas, pero también tendrá un efecto devastador en la economía y, con ello, en los sectores más pobres.

En Guatemala se está viendo que los programas sociales resultan ineficientes e insuficientes. Muchas de las empresas saldrán golpeadas de la crisis y después de la pandemia veremos una mayor dependencia de la economía informal.  Habrá más pobreza y costará levantar la productividad.

Es una gran prueba por la que pasamos. Como siempre en las crisis, surgirán oportunidades y ojalá las podamos aprovechar como país.  El fracaso del sistema político es más que evidente, pero cambiar de rumbo no es tarea fácil, sobre todo, porque no hay un liderazgo fuerte que apunte hacia ese cambio. De esta saldremos heridos… pero podremos levantarnos. El tiempo dirá si lo hacemos con fuerza y determinación o nos conformamos con retomar el camino que llevamos, camino de corrupción, impunidad, pobreza, exclusión, racismo… camino de egoísmo.