Jueves 9 DE Julio DE 2020
Opinión

LA CANTINA Racismo camaleónico

El racismo se muta, se disfraza, actúa de manera más sutil.

Fecha de publicación: 29-06-20
Por: José Sagastume

Acostumbrados a que la única forma de racismo es la expresada mediante la discriminación de las personas o grupos por su color de piel o grupo étnico, nos hemos olvidado de las múltiples caras adoptadas por el racismo: comportamientos, conductas, expresiones y demás formas indirectas utilizadas en atribuciones de inferioridad que como sociedad hemos normalizado y aceptado como prácticas comunes.

Es necesario que seamos conscientes de cómo nuestra condición humana, desde una edad muy temprana, nos hace autoidentificarnos con el grupo del que percibimos ser parte debido a nuestro género y etnia. Es así como, acostumbrados de manera natural y casi instintiva a categorizar, generamos prejuicios de las personas que no forman parte de nuestro mismo grupo estereotipándolas y agrupándolas en sus propios grupos en donde a nuestro juicio todos son iguales. Estos prejuicios –que en su mayoría desacreditan y hacen de menos a quien es diferente– son generados con la intención de reforzar la creencia de que pertenecemos al mejor grupo. Esta predisposición es la que hace posible la perpetuación de las creencias que vamos adoptando; expresamos mediante conductas injustas y tratos desiguales nuestro rechazo y el complejo de superioridad frente a otros.

Las prácticas racistas han sobrevivido y transcendido a través de los años.  Como el mejor camaleón va camuflándose y haciendo uso de los artilugios más sutiles para ocultarse y perdurar. En las últimas semanas hemos visto, por ejemplo, los infames asesinatos de Domigo Choc –guía espiritual maya y un maestro herborista en Guatemala– quien fue linchado y quemado por miembros de su misma comunidad al ser acusado de realizar actos de brujería; y George Floyd –un afroamericano– quien tras ser acusado de usar un billete falso fue brutalmente maltratado por miembros de la Policía muriendo por asfixia durante su arresto. Estos hechos, aún bajo contextos completamente diferentes, son un reflejo claro de como el racismo se va adaptando en distintos contextos –históricos, económicos y políticos– y ha sido inculcado de manera profunda y encubierta a través del tiempo. Los mejores canales para su difusión y reforzamiento han sido la familia, las instituciones religiosas, las escuelas, las fuerzas de seguridad y hasta los distintos medios de comunicación.

Habituados como sociedad a identificar el racismo únicamente en el ámbito racial (biológico) nos olvidamos de las manifestaciones propias del resultado de la mutación del racismo. El racismo se expresa en prácticas que vemos diariamente en nuestro entorno, y que son el resultado de las amenazas que los grupos en una posición de poder –cualquiera que sea– perciben contra su sistema de creencias y valores, su estatus y supervivencia: exclusión, desigualdad, violencia, baja representatividad de grupos minoritarios en instituciones públicas y privadas, prácticas de explotación laboral, sentimientos de aversión, miedo e incomodidad frente a otro, etcétera.

El llamado es para no quedarnos únicamente con la creación de movimientos sociales que, si bien han ayudado a generar conciencia alrededor del racismo tradicional y a reducir en cierto grado las expresiones directas, los fundamentos del racismo prevalecen. Hagamos un examen de consciencia, exploremos nuestros comportamientos individuales y colectivos, generemos cambios en nuestros círculos inmediatos más cercanos. El racismo se muta, se disfraza, actúa de manera más sutil.