Lunes 3 DE Agosto DE 2020
Opinión

Una elección demasiado política

El BID sería otro juguete en manos de Trump.

Fecha de publicación: 25-06-20
Por: Édgar Gutiérrez

En un mal momento la Casa Blanca decidió tomar la presidencia del BID y convertir el tema en controversia política en el hemisferio. Desde que se fundó, hace seis décadas –decidiéndose que por logística la sede fuese Washington, D.C.- hubo un acuerdo no escrito entre la treintena de países que lo integran, el cual se había respetado escrupulosamente, hasta ahora: la presidencia del Banco la ejerce Latinoamérica, y la vicepresidencia Estados Unidos, que aporta el 30 por ciento del capital.

El acuerdo ha funcionado porque, además, las gestiones de los latinoamericanos (a diferencia de la OEA, otro organismo que se rige por ley de la costumbre) no tienen reproches, incluyendo la del presidente saliente, Luis Alberto Moreno. Los gobernadores del Banco (ministros de Finanzas Públicas o Hacienda, o en su defecto directores de la banca central) han sabido elegir cuadros técnicos sobresalientes, que además manejan el arte de la política y son éticos.

Fiel a su mandato de apalancamiento de los programas de desarrollo de cada país, el BID ha funcionado para todos los países miembros. No está ideologizado ni excluye por razones políticas. Respeta las prioridades de cada Estado.

Donald Trump decidió romper la armonía latinoamericana, del brazo de su colega brasileño Jair Bolsonaro, quien, al parecer, movió el gusanito en mala hora. Están impulsando la candidatura de Mauricio Claver-Carone, principal asesor de Trump para el hemisferio occidental. Esa no debería de ser una buena carta de presentación.

Trump ha tratado muy mal a Latinoamérica, sobre todo a los migrantes. Ha amenazado brutalmente a México y los países del norte de Centroamérica si no acatan al pie de la letra sus arrebatos. Sus crímenes contra los migrantes latinos –que incluyen separar familias, enjaular niños, desatar un lenguaje de odio racista que ha tenido consecuencias en las ejecuciones extrajudiciales de migrantes, incluyendo alrededor de una decena de guatemaltecos, entre ellos, varios niños, además del enrarecido aire xenófobo que alentó en muchas comunidades estadounidenses- merecen ser llevados a la Corte Penal Internacional.

Solo gente con la misma edad mental y cinismo que Trump, como Jimmy Morales, Sandra Jovel y Enrique Degenhart, aplaudieron ese maltrato, esa ignominia contra nuestra gente.

Claver-Carone ha sido la cara política de Trump, el caprichudo, en el subcontinente. Entiendo que Bolsonaro –el Trump latino- lo respalde, incluso, Honduras, con un presidente hipotecado (tampoco se librará con este gesto), pero decepcionan Colombia, Uruguay, Ecuador y Paraguay, que ya han hecho público su respaldo al agente de Trump. Es probable que otros países hayan dado su consentimiento en privado y los votos que les falten, para llegar a quince, los obtendrán medio torciendo el brazo a los países débiles.

Por dignidad y mínimo respeto a los migrantes, espero que el gobierno de Guatemala no forme parte de este alineamiento gravoso. Por el boicot que Trump provocó a la lucha contra la corrupción y la impunidad en Guatemala y Honduras, espero que sus sociedades se pronuncien. Costa Rica no solo da lecciones de salud pública, sino de dignidad al presentar a su propia candidata para dirigir el BID, la ex presidenta Laura Chinchilla, a quien el presidente Giammattei debería de respaldar.

Si Trump es reelecto el martes 3 de noviembre, hará del BID su personal herramienta de garrote y zanahoria para cada país del hemisferio. A través del Banco nos meterá en su personal guerra fría contra China. Y si pierde la reelección, Claver-Carone será un presidente incómodo, claro, no para Bolsonaro.