Jueves 9 DE Julio DE 2020
Opinión

Visita de enfermo

Qué dicen las encuestas sobre cómo estamos.

Fecha de publicación: 15-06-20
Por: Édgar Gutiérrez

El 80 por ciento de la población está de acuerdo con las disposiciones básicas del presidente Giammattei (uso de mascarillas, distanciamiento físico, cierre de fronteras y prohibición de actividades masivas) para prevenir o, en todo caso, ralentizar contagios masivos del COVID-19, de acuerdo con la encuesta de Cid-Gallup liberada el pasado jueves 11. Es menos popular el toque de queda y la suspensión de clases (60 por ciento).

No hay preguntas específicas sobre restricciones de actividades económicas y transporte público, pero lo cierto es que la gente sale cada vez más de su hogar, a pesar de la curva ascendente de contagios, debido, principalmente, a la necesidad de mantener el empleo, las operaciones comerciales y, por tanto, los ingresos monetarios. Los compensadores del Estado, que van en un paquete de diez programas, equivalentes al dos por ciento del PIB, son irrelevantes hasta ahora.

La última medición de Prensa Libre (ProDatos), publicada desde el jueves 11 hasta el sábado 13, ofrece otros datos, inquietantes. A pesar del alto riesgo de la enfermedad, un tercio de la población descuida las medidas preventivas, especialmente jóvenes y hombres. Entre el 1 de abril y el 4 de junio, la aprobación del Presidente en el manejo de la crisis cayó en 23 puntos porcentuales (del 83 por ciento al 60 por ciento).

¿Razones? De las cifras se deduce: falta de estrategia para enfrentar la crisis, inconsistencia en la comunicación pública del gobernante (hay que anotar que el 85 por ciento de la población estuvo atenta a las cadenas informativas diarias), palabras que no se tradujeron en acciones (proveer en marzo millones de mascarillas a la población, proporcionar a partir de abril equipo de protección personal y sus justos salarios a los servidores de la salud, y los insumos indispensables para tratar a las personas contagiadas, pocos testeos e inteligencia sanitaria pasiva de previsibles casos comunitarios; además, como se dijo, poner en marcha, en mayo, una decena de programas de mitigación de las penurias económicas de la población), a lo cual se sumó en junio la pérdida de credibilidad en la información oficial sobre qué está ocurriendo: ¿cuántos infectados y fallecidos? Muchas preguntas sin respuesta, también, sobre los resultados de las pruebas y el tiempo desfasado en el que se procesan, así como el tratamiento desigual de los casos.

Por otro lado, el 69 por ciento de los hogares encuestados por ProDatos vía telefónica, reporta una caída de ingresos, y en dos de cada tres la reducción oscila entre el 25 y el 50 por ciento. Donde más ha golpeado esa contracción es en las clases medias, que han sufrido un jalón de 15 puntos porcentuales en los últimos dos meses: a los quince días del confinamiento, el 56 por ciento de esas familias reportaba merma de sus ingresos, y esa proporción subió al 71 en junio. No es que los estratos bajos y altos estén indemnes, pero los datos que arroja el estudio es que después de mayo no empeoraron.

En resumen, las investigaciones dicen que este ya es, a junio, el peor año, en democracia, en indicadores de empleo e ingresos de la mayoría de la población, sin que quede inmune ningún estrato social, aunque el punto de partida de cada sector es muy diferente: entre tener ahorros, propiedades y flujos de caja, por un lado; o deudas bancarias inclementes, por otro lado, o el vivir a salto de mata con un bicho más en el camino.