Domingo 12 DE Julio DE 2020
Opinión

¡Cuidado con lo que se dice!

Las palabras pueden ser vanas, pero dependiendo quien las diga, pueden volar con el viento o ser punzantes y hasta peligrosas.

Fecha de publicación: 30-05-20
Por: Gonzalo Marroquín Godoy / ENFOQUE

Hablar por hablar puede ser fácil. Decir lo justo, en tono, medida y proyección, es otra cosa. Cuando se trata de medir el impacto de una palabra, una frase o una oración, la principal referencia es quién dice tal cosa, ya sea que salga con sabiduría o simplemente sea un auténtico disparate.

Cuando el que habla es una persona común y corriente, el impacto de sus palabras –para bien o para mal– se limita a su círculo más cercano.  Cuando se trata de un líder –político, sectorial, social, religioso, científico y demás–, la cosa cambia, porque cada palabra que diga es interpretada de manera contundente. Sus seguidores creerán, en términos generales, que si dice blanco, es porque blanco es. Esa es una de las fuerzas del líder.

En cada país hay diferentes tipos de liderazgo y líderes, pero en términos generales, el líder principal suele ser el presidente de la República, a quien el pueblo le delega la función de gobernar.

Todo lo que dice el presidente es tomado en cuenta. Sus seguidores y simpatizantes toman sus palabras como ciertas, mientras los que no comulgan con sus ideas, las escuchan y analizan con criterio crítico, aunque finalmente unos y otros reconocen que provienen de la principal autoridad del país. Eso le concede fuerza a todo lo que dicen los mandatarios y provoca reacciones.

Donald Trump es un buen ejemplo de alguien que dice torpezas a cada momento. Hay muchas frases de él famosas por ser evidentemente lanzadas al aire por alguien que no mide las consecuencias de lo que dice. Él cree que por ser el hombre más poderoso del mundo –por el cargo que tiene–, puede decir lo que se le ronca la gana. No es así.

En medio de la pandemia que vive el mundo, y cuando Estados Unidos era el epicentro de ese desastre global, se atrevió a decir que la hidroxicloroquina sirve para combatir el COVID-19. ¿Puede haber una persona en el mundo con acceso a la mejor y mayor información posibles, que el presidente de Estados Unidos? Todos sabemos que no, que el inquilino de la Casa Blanca tiene a su alcance cualquier información que requiera.

Así pensó una pareja de Arizona que, tras escuchar al presidente hablando de las maravillas que se podían hacer con este remedio, decidieron probarlo. El esposo murió y la esposa estuvo un tiempo muy grave. Hubo muchas personas intoxicadas por el disparate que dijo Trump.

Aquí, en nuestro país, parece que nadie se atreve a decirle al presidente Alejandro Giammattei que tiene que ser cuidadoso con lo que dice, porque sus palabras provocan reacciones, muchas veces negativas. El primer caso que se viene a mi mente, es el de la famosa ‘Chonita’. Cuando estaba hablando del cierre de actividades por la pandemia, le pareció pintoresco hablar de un negocio imaginario, y dijo que negocios’ como el de la Chonita’ pueden seguir trabajando. Al día siguiente se duplicó o triplicó la gente que salió a las calles, cuando lo que se quería era todo lo contrario.

Recientemente él dijo (cita textual): ‘si los casos siguen subiendo, nos veremos en la necesidad de cerrar el país por quince días’. Curiosamente, en los días sucesivos los casos de contagiados se dispararon y, para colmo de males, Giammattei dijo a un grupo de periodistas que esa medida la podría tomar si el número llegaba a 400 casos diarios.

¿Qué sucedió? Que como era la palabra del presidente, todo el mundo se alarmó ante el posible encierro y principiaron las colas en mercados y supermercados. En vez de disminuir el distanciamiento social, se perdió el orden de nuevo.

Pero lo peor, el mismo presidente sale diciendo: ‘circuló (¿?¿?¿?) que íbamos a cerrar…miren no crean lo que no salga de nuestra boca’, como si no hubiera sido él mismo la fuente de la incertidumbre sembrada.

Hay que aprender a medir las palabras y hablar solo con la verdad, porque de lo contrario, lo que hacen los gobernantes que dicen palabras de más, es erosionar su propia credibilidad y crear confusión.

Esto de cuidar lo que se dice va también para otros funcionarios. Uno de ellos, pronosticador del Insivumeh, se le ocurrió comparar las lluvias que vendrán este fin de semana con las provocadas por la tormenta ‘Agatha’ en 2010, la cual dejó un saldo de 165 muertos y 78 desaparecidos en nuestro país. No soy pronosticador, pero no creo que suceda algo así. Pero, en todo caso, lo único que se logra con una comparación anticipada, es meter miedo en la población. Más miedo en medio de la pandemia.

Otra cosa para el Presidente. Desde mi sitio como periodista, he comprobado que sus funcionarios no le dicen la verdad de las cosas.  Entonces, sin saberlo, termina hablando de ‘maravillas’ que no existen. Sus palabras se vuelven entonces falacias, aunque sea sin querer… queriendo, como decía el Chavo del ocho.