Domingo 12 DE Julio DE 2020
Opinión

COVID: efecto rebote de la naturaleza

En el Amazonas, por ejemplo, la deforestación aumenta las tasas de malaria.

Fecha de publicación: 25-05-20
Por: Marcela Gereda

Diversos científicos del mundo coinciden hoy en que la pandemia COVID-19 nos pone frente al espejo la imagen que acaso no nos atrevemos a ver: nuestra relación desestructurada y desequilibrada con la naturaleza pone en riesgo a la especie humana. Es decir, la alteración excesiva del medioambiente ha tenido, tiene y tendrá consecuencias devastadoras para nosotros.

Los estudios científicos revelan que la deforestación y la pérdida de fauna y flora provocan el aumento de las enfermedades infecciosas. La viróloga molecular argentina Andrea Gamarnik, ganadora del premio Unesco Por las Mujeres en la Ciencia, afirmó para BBC: “Muchas epidemias surgen o se incrementan por alteraciones del medioambiente causadas por el ser humano que se podrían evitar, por ejemplo: la destrucción de bosques y de la vida silvestre, el cambio climático, etcétera. Son acciones que facilitan de alguna forma la introducción de virus que circulan en animales y empiezan a incorporarse a la población humana”.

La naturaleza intacta sirve de amortiguador entre los humanos y las enfermedades, y estas a menudo se derivan de la invasión de los ecosistemas naturales y los cambios en la actividad humana.

En el Amazonas, por ejemplo, la deforestación aumenta las tasas de malaria, ya que la tierra deforestada es el hábitat ideal para los mosquitos. La tierra deforestada también se ha relacionado con brotes de Ébola.

Si bien el origen del virus COVID-19 todavía no se ha establecido, tal y como lo demuestran los estudios científicos: el 60 por ciento de las enfermedades infecciosas tiene su origen en animales, El SIDA, por ejemplo, se originó en el chimpancé y se cree que el SARS se transmitió de un animal aún desconocido hasta ahora.

Hemos perdido el 60 por ciento de toda la fauna y la flora en los 50 últimos años, mientras que la cantidad de enfermedades infecciosas nuevas se ha cuadruplicado en los 60 últimos años. No es casualidad que la destrucción de los ecosistemas haya coincidido con un fuerte aumento de estas enfermedades. Son variables interdependientes.

Un artículo del Foro Económico Mundial afirma: “los hábitats naturales se están reduciendo, lo que provoca que las especies vivan en espacios más cercanos que nunca entre ellas y con los humanos”. El avance de la frontera agrícola y la pérdida de la biodiversidad ponen en riesgo nuestra especie, arriesgándonos a que los virus de los animales encuentren un nuevo hospedador: el humano. Agrega: “más de la mitad del PIB mundial depende en gran medida de la naturaleza. “Por cada dólar gastado en restauración de la naturaleza, se pueden esperar al menos nueve dólares de beneficios económicos”.

Hay varias oportunidades de aprendizajes en distintos niveles para nosotros como especie. Tanto autoridades políticas, como empresas pueden aprovechar esta ventana y visión que nos da la pandemia para ajustar los modelos económicos a los límites de los recursos de nuestro planeta abordando, asumiendo, enfrentando el cambio climático y otros acontecimientos.

Todos estamos tratando de navegar y surfear este tsunami de incertidumbre. Es el momento de recrear nuestra relación con la naturaleza, poner a la naturaleza en el centro, para prepararnos a la sociedad, a la economía para esta y futuras pandemias que pueden ser mucho más devastadoras. El reto es repensarnos, reinventar nuestro lugar en el mundo, transformar nuestra relación con la tierra para no seguir provocando nuestra propia destrucción.