Lunes 1 DE Junio DE 2020
Opinión

Producir y comprar en las comunidades para sobrevivir con ellas

Los mercados indígenas además de espacios económicos son una conjugación de elementos sociales.

Fecha de publicación: 23-05-20
Por: Irmalicia Velásquez Nimatuj

Los mercados regionales, comunitarios, locales o familiares han sido una apuesta de los pueblos durante siglos a lo largo de Abya Yala y Guatemala no ha sido la excepción, por eso, en el interior del país existen ejemplos de esos espacios que han subsistido y que se han recreado a lo largo de los tiempos o respondiendo a las condiciones y contextos.  Los mercados indígenas además de espacios económicos son una conjugación de elementos sociales, culturales, creativos, de intercambio de conocimientos, de solidaridad y hasta de espacios para las espiritualidades.

Los mercados comunitarios fueron de los pocos espacios permitidos a las y los indígenas de algunas regiones, luego de la institucionalización de la colonización española, y con fina destreza, ellos los mantuvieron convirtiéndolos en espacios breves de liberación estratégica para garantizar, entre otros bienes, la seguridad alimentaria de las poblaciones indígenas a las que atendían.

Durante distintos periodos los mercados indígenas cumplieron la misión de evitar que las poblaciones perecieran de hambre y lo hicieron bien, al proveer alimentos de temporada a precios justos o dentro del trueque accesible a todos.  Sin embargo, desde mediados del Siglo XX estos mercados empezaron a ser minados lentamente y a ser distorsionados de múltiples formas.  Una de ellas fue la introducción de productos externos que no servían o servían poco, pero que crearon necesidades que terminaron sustituyendo lo que se generada desde lo local y sembrando dependencias externas que ahora son difíciles de enfrentar, por ejemplo, los refrescos embotellados que se impusieron a la diversidad de atoles o bebidas comunitarias.

Hoy con la crisis del COVID-19 las ciudades, pero también comunidades están enfrentando la escasez de alimentos y la escalada de los precios de los productos básicos que deben pagar si no quieren morir de hambre. El problema es que no todos pueden pagarlos. Por eso, aunque doloroso, éste es un momento para revisar esos círculos de producción comunitaria y de auto sostenibilidad que el mercado mundial fue quebrando para controlar el circuito de la producción, desde lo que comemos hasta lo que vestimos para acumular en pocas manos las ganancias y convertirnos en dependientes e incapaces de generar nuestros alimentos.

Este momento invita a reflexionar, planificar e imaginar un futuro cercano en donde podamos desde cada rincón en el que vivimos, aprender, reproducir y mantener la auto sostenibilidad local. Valorar el trabajo del campo porque éste produce nuestros alimentos, la sabiduría campesina y sostenernos con lo que cada temporada brinda. En el presente como en el pasado a las poblaciones rurales y urbanas pobres o de clase media baja solo las salvará el consumir lo que sus comunidades cosechan y no lo que las cadenas empresariales buscar imponer.