Lunes 1 DE Junio DE 2020
Opinión

El futuro del trabajo

Fecha de publicación: 23-05-20

Tan solo unos cuantos meses atrás este tema tenía un significado bastante distinto al que tiene hoy en día. La crisis económica provocada por el combate contra la pandemia del COVID-19 ha provocado que a nivel mundial empiecen a ocurrir, de manera acelerada y anticipada, cambios en las formas prevalecientes de empleo y trabajo. Las limitaciones y problemas que generan los cierres parciales de la economía y  el distanciamiento social están provocando que sectores completos de la economía desaparezcan del mapa o deban reconfigurarse radicalmente para subsistir. Un duro golpe para países como Guatemala que, en palabras de un conocido premio nobel de economía, antes  de pensar en los trabajos del futuro deberían preocuparse por generar los empleos del presente. La situación que ahora vivimos ha provocado que una posibilidades que se veían lejanas en el futuro, como el teletrabajo, sea una realidad cotidiana para cientos de millones de personas. Así como la pandemia provocó que en cosa de semanas economías como la nuestra pasaran de estar en su punto más alto del ciclo económico a estar en su punto más bajo, igualmente cambiaron las condiciones del mercado de trabajo.

La situación que ahora vive el mundo demandará cambios profundos en las relaciones laborales como tradicionalmente se han conocido. Por lo que se alcanza a vislumbrar en “estas horas aciagas que vive Guatemala y el mundo”, tomando prestado el título de una serie de columnas de un querido colaborador de esta casa editorial, cada vez queda más claro que el futuro cercano el trabajo se caracterizará por el cambio en las jornadas de trabajo; la temporalidad de las relaciones de trabajo; el trabajo a tiempo parcial; el pago por labores específicas o de acuerdo a la productividad; el avance y consolidación del teletrabajo; y el y auge de la compra y venta en línea. Un imprevisto giro que demanda a nuestras instituciones laborales una capacidad de ajuste que no tienen. Literalmente, el futuro del trabajo radica, pues, en nuestra capacidad de adaptación ante el cataclísmico cambio que sacude a la economía del mundo. La extrema rigidez de la legislación laboral en Guatemala se convierte hoy en el principal freno para el proceso de adaptación que demandan la nueva normalidad. Incapacidad que, de no superarse, inexorablemente terminará provocando más informalidad  y pobreza.