Martes 4 DE Agosto DE 2020
Opinión

Coyuntura, generadora de oportunidades

Si lo que ahora vivimos no nos cambia la vida, no hay nada que hacer por delante.

Fecha de publicación: 22-05-20
Por: Renzo Lautaro Rosal

Indudablemente es una excelente noticia la designación del doctor Edwin Asturias, al frente de la Comisión Nacional Contra el Coronavirus. Queda por verse cuánto margen de maniobra se le dé, si las autoridades del Ministerio de Salud Pública ceden alguna porción de su terreno en aras de los intereses colectivos y si asumen las recomendaciones para enderezar y corregir sus diversos errores. Lo que es claro, es que el destacado profesional no vendrá a pasear o a ser figura decorativa. Si las cosas apuntan por el camino deseable, este tipo de decisiones ayudarán a aliviar la ruta de la emergencia sanitaria; pero ese no es el único tema en circulación.

Quizás el peso de la coyuntura sea tan descomunal, que no deje ver un poco más que la punta de la nariz. Algunos se congratulan por la publicación oficial del Decreto 15-2020, en particular porque se garantiza la no suspensión de los servicios públicos básicos. Esa es la parte positiva, pero dicha norma tiene otros contenidos que al no ser vistos son seriedad y profundidad pueden provocar, a la vuelta de la esquina, graves repercusiones (los beneficios contemplados no distinguen a las personas en situación de mayor vulnerabilidad, lo cual puede provocar pérdida del supuesto objetivo; crisis de liquidez que repercutiría en el suministro de energía eléctrica; falta de claridad sobre la temporalidad de las medidas contempladas, entre otros temas que no se precisan). Se abre así otra caja de pandora.

En otro carril, pero que bien puede ayudar a abordar las dos agendas anteriores, se comienza a plantear un posible diálogo nacional, coordinado por el Vicepresidente de la República, quien en las últimas semanas, toma distancia y se constituye como actor moderado, articulador y con disposición para romper los moldes de las visiones reactivas y de compartimientos estancos.

Un diálogo, bajo las actuales circunstancias, no debe ser únicamente para oxigenar al Ejecutivo; sino para encarar las principales (algunas) de las dimensiones que la coyuntura ha puesto en el escaparate y requieren abordaje serio. Tampoco y como los antecedentes fallidos lo indican, el diálogo debe ser una muestra de asambleísmo desbordado que genere falsas expectativas y promesas lanzadas al aire, ya que el efecto para la sociedad, y no solo para el gobierno, resultaría nefasto. En cualquier caso, es indiscutible que los tiempos que ahora experimentamos nos deben dar nortes renovados, espacios de oportunidad, empujones para no seguir en las mismas. Si lo que ahora vivimos no nos cambia la vida, no hay nada que hacer por delante.

Las sociedades democráticas avanzadas se pueden dar el lujo de abordar la “nueva normalidad”, diseñando protocolos para la vuelta gradual de las actividades regulares. En nuestro caso, el asunto es más complejo. Muchos ámbitos no son regulares, vivimos bajo constantes precariedades, las instituciones y normas son débiles porque el Estado fue diseñado para ser desgastado constantemente. Entonces, tenemos tres alternativas: 1) asumimos que la pandemia nos meterá más en el agujero, y punto; 2) apostamos por el retorno al caos prevaleciente; o 3) o intentamos ciertos golpes de efecto para poner sobre la mesa, al menos, algunas de los temas pendientes. De momento, no veo otros caminos.