Lunes 1 DE Junio DE 2020
Opinión

Giammattei vs IGSS: ¡Estamos en tiempos de pandemia!

No hay razón de Estado que justifique el ataque del Presidente.

Fecha de publicación: 11-05-20
Por: Édgar Gutiérrez

El presidente Giammattei está manifiestamente incómodo con el IGSS. No queda claro si es con el presidente de la Junta Directiva, Carlos Contreras. Lo cierto es que la tensión que ha generado está impactando en toda la institución. Este no es el camino sensato de un gobernante que debe liderar la lucha contra una voraz pandemia, pues es vital mantener alta la moral de todo el personal de salud que está en la primera línea de fuego.

Paradójicamente, en medio de la guerra contra el COVID-19, el Presidente parece estar moviendo una estrategia de sitio contra uno de los dos brazos estatales de un sistema de salud ya, de por sí, fragmentado. Equivale a distraer, amenazando, a tu propia fuerza de avanzada en plena y cruda batalla.

El primer ataque fue por el régimen de compras que la Junta Directiva puso en manos de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) y que le ha representado un ahorro multimillonario al IGSS en la compra de medicamentos y equipos. Después fue su impulsividad, inviable jurídicamente, de querer emplear fondos de la seguridad social como seguro de desempleo. Y últimamente señalamientos imprudentes –porque resultaron infundados- sobre información no trasladada al Ministerio de Salud y mala atención de afiliados.

Quizá es inquina contra Contreras, y solo busca el argumento para destituirlo, pero de una manera que hace recordar la penosa disputa de Otto Pérez con el entonces presidente del Instituto, Luis Reyes Mayén. Quizá son deudas de campaña, que se manifiestan como la urgencia de recuperar el control de las adquisiciones y, lo más sustantivo, de los fondos del IGSS depositados en el sistema bancario, para lo cual sería insuficiente destituir al presidente de la Junta Directiva: tendría que intervenir la institución. Quizá son esas y otras razones, entremezcladas.

Como sea, no hay razón de Estado para que el presidente Giammattei ofrezca este espectáculo impropio en medio de esta tormenta. Mina la moral del personal de salud y erosiona su propia legitimidad.

Por otro lado, está tomando cuerpo todo un movimiento social y político que se manifiesta de manera contundente a través de las redes sociales –por ahora-, el cual adivina que las intenciones del presidente son mucho más agresivas e inconfesables: privatizar el IGSS. Parece un disparate en una emergencia en la que se deposita la confianza en el Estado y no en el mercado, pero hay muchísima gente que sinceramente lo cree, justamente porque no le encuentra otra “racionalidad” a los ataques del presidente Giammattei.

Hemos entrado a las dos semanas críticas ya anticipadas de escalonamiento de los contagios manifiestos. Debemos cerrar filas. El presidente tiene que afirmar su liderazgo: decretar su propio armisticio con el IGSS, dejar de pelearse con los alcaldes (facilitarles la vida para que operen los programas de apoyo a los trabajadores no formalizados) y con los diputados, cuyo deber es fiscalizar, y procurar que la asistencia fluya eficientemente a las poblaciones más vulnerables.

La estrategia de comunicación política del presidente Giammattei es inquietamente deficiente. Responde a un patrón de campaña electoral, no de estadista que, en medio de la tormenta, está proponiendo el mejor modelo de protección y bienestar de sus ciudadanos, empezando por integrar y hacer universal el servicio de salud, esto incluye seguridad social a los trabajadores de la economía no formal.