Sábado 4 DE Julio DE 2020
Opinión

Entendiendo principios económicos para enfrentar el impacto económico del Covid-19 (Parte 1)

Fecha de publicación: 09-04-20
Por: Benjamín Leiva, Ph.D. *

El Covid-19 ya ha provocado una recesión global que se perfila como la desaceleración más abrupta desde la Gran Depresión de 1929. Se estima que los impactos económicos sumarán más del 10% del PIB en los países más afectados, sumando pérdidas de cientos de miles de millones de dólares a nivel global. A raíz de esto, la CEPAL ya ha advertido que sólo en Latinoamérica el desempleo aumentará en varias decenas de millones de personas y sumirá a decenas de millones más en la pobreza. Es probable que el impacto absoluto en Guatemala no sea tan grande como en Italia o EE.UU. pero será muy fuerte para hogares, empresas y gobierno dadas las vulnerabilidades de la economía.

Este artículo es el primero de dos partes. En la primera parte se explica en un lenguaje sencillo para no expertos cómo funciona un sistema económico (sección 1) y cómo impacta el virus en la economía (sección 2). En la segunda parte por publicarse se discuten políticas públicas para enfrentar el impacto económico del virus y el financiamiento de dichas políticas.

En una economía suele haber tres agentes principales: los hogares, las empresas y el gobierno (Figura 1). Los hogares gastan en bienes (y servicios), y reciben salarios y dividendos por ser dueños de los factores productivos (mano de obra y capital). Las empresas gastan en esos factores para poder producir, y obtienen ingresos vendiendo su producción. El gobierno gasta en bienes públicos y se financia con impuestos a los hogares y empresas. Por simpleza no analizaremos el comercio internacional.

El flujo de dinero que va de hogares a empresas (flujo A en rojo) y el valor de los bienes que van de empresas a hogares (flujo B en negro) son directamente proporcional (Figura 2). Si cae el gasto, tiene que caer el valor de los bienes vendidos y viceversa. Al interno de empresas y hogares también existe un flujo proporcional de dinero y bienes, que representa inversión y la economía informal respectivamente. Este último flujo es especialmente importante en Guatemala porque el sector informal emplea al 70% de los trabajadores.

El gasto de los hogares es financiado con los ingresos que obtienen en la forma de salarios y dividendos por poseer factores productivos (usualmente mano de obra, pero a veces también capital). Estos factores son contratados por las empresas para producir bienes (Figura 3). Aquí también existe una proporcionalidad directa entre el flujo de dinero que va de empresas a hogares (flujo C en rojo) y el valor de los factores productivos que van de hogares a empresas (flujo D en negro).

 

Por último, tanto hogares como empresas gastan en impuestos que van al gobierno, el que los usa (en teoría al menos) para proveer bienes públicos como seguridad y estabilidad macroeconómica, entre otros (Figura 4). A diferencia de los flujos entre hogares y empresas, aquellos con el gobierno no tienen que ser directamente proporcionales. Dada la capacidad de ahorro y endeudamiento del gobierno (así como de desperdiciar recursos), los impuestos pueden ser más que el gasto en bienes públicos y viceversa (al menos en el corto plazo). Aún más, el gobierno puede revertir la dirección del flujo de impuestos a ciertos hogares y empresas a través de transferencias monetarias.

 

2. El impacto económico del Covid-19

 

Lo particular del impacto económico del Covid-19 es que ha provocado simultáneamente un shock de oferta y uno de demanda. Un shock de oferta se da cuando se contrae la oferta agregada, es decir, cuando cae la capacidad productiva general en una economía por la escasez repentina de un factor productivo crítico. En 1973 ocurrió por la escasez repentina de petróleo en el mundo occidental, y hoy por la necesidad de aislar la mano de obra para aplanar la curva de contagios. Inéditamente, hoy debemos autoimponernos un shock de oferta para contener el virus. Por otro lado, un shock de demanda se da cuando se contrae la demanda agregada, es decir, cuando cae la demanda por la mayoría de bienes y servicios en una economía por el aumento del ahorro precautorio y/o la reducción de la inversión por el deterioro de las expectativas de rentabilidad de las empresas. En 2008 ocurrió por el pánico que ocasionó la crisis inmobiliaria en EE.UU, y hoy por las restricciones e incertidumbre que ha ocasionado el virus.

Ambos shocks se pueden ver en la Figura 5. El shock de demanda se ve en una reducción del gasto (flujo A), lo que reduce proporcionalmente el flujo de bienes. Esto ocurre entre hogares y empresas, entre empresas (inversión) y entre hogares (sector informal). La reducción del gasto merma los ingresos de las empresas, las que reducen su contratación de factores productivos (flujo D) y proporcionalmente el ingreso de los hogares (flujo C). Esta caída de ingresos de los hogares amplifica el efecto inicial, creando una retroalimentación contractiva de los flujos. 

El shock de oferta se ve en la reducción del flujo de trabajadores de hogares a empresas (flujo D). Esto reduce la producción de bienes (flujo B) y por ello el gasto (flujo B). Adicionalmente, menos contrataciones reduce el ingreso de los hogares (flujo C), lo que también reduce el gasto (flujo A) e inicia el mismo proceso descrito en el párrafo anterior. El hecho que los shocks se propaguen a través de los mismos mecanismos hace que, aunque partan de lugares distintos en el sistema, su coexistencia provoque una reducción abrupta de la contratación de mano de obra y capital, ingresos de hogares y empresas, nivel de gasto en bienes e inversión, y por tanto una caída inédita en el PIB.

 

*  Profesor del Departamento de Ciencias de la Administración e investigador del Observatorio Económico Sostenible de la Universidad del Valle de Guatemala.