Lunes 25 DE Mayo DE 2020
Opinión

El COVID-19 es la llave de acceso al IGSS

En la crisis, por la puerta de atrás.

Fecha de publicación: 06-04-20
Por: Édgar Gutiérrez

Cada crisis trae su oportunidad bajo el brazo. La pandemia podría ser la llave que abra la puerta de la seguridad social a 2 millones de hogares desprotegidos que sobreviven en la economía informal. ¿Qué se necesita? Querer que ocurra.

De los millones de millones que está aprobando el Congreso en sus atropelladas sesiones e indecibles negociaciones bajo la mesa, haciéndole un guiño al pueblo que los eligió, pueden apartar Q2 millardos para que el gobierno los traslade al IGSS para comenzar a atender a los excluidos del sistema de salud. Si la Junta Directiva del IGSS converge en esa voluntad, en tres meses hay un estudio actuarial que fotografía el potencial de beneficiarios y los costos de atención.

En Uruguay, Argentina, Ecuador, por ejemplo, el proceso de formalización de los trabajadores por cuenta propia, ha empezado por establecer un mono-tributo que unifica el IVA, ISR y cuota de afiliación del Seguro Social, que es fijo y se paga mensualmente a la autoridad tributaria. Esto se ha discutido desde hace mucho en Guatemala; se han levantado diagnósticos y estudios de muy buena calidad que sugieren hojas de ruta, como el de Global Fairness en 2010, financiado por el Departamento de Estado de EE. UU. Pero hasta ahora no se hizo algo.

Este es el momento. Forzosamente hay que entrar por la puerta de atrás. Todo mundo afirma que en esta crisis sanitaria la fuerza trabajadora en la economía informal es altamente vulnerable (y voluble). Y esta vez, todo ese mundo tiene razón. No es sensato animar a los trabajadores informales a formalizarse sacando de sus bolsillos un dinero que no tienen. Aunque estoy seguro que lo poquito que tuviesen, dado este desolador paisaje de contagios, harían un sacrificio. IGSS, además, no es solo salud, es también derecho de pensión por invalidez y vejez.

A través de una transferencia temporal de tres meses, se abriría la puerta a la afiliación voluntaria de informales –también de técnicos, profesionales liberales, empleados únicos y trabajadores de tiempo parcial, que aún no están reconocidos en el Código de Trabajo, pero que podrían serlo, siempre que su contrato se enmarcase en el concepto de “trabajo decente” de la OIT- quienes gozarían de derechos limitados a la atención en salud, mientras superamos la crisis.

Formalizar el trabajo informal es ganar carta de ciudadanía económica y productividad. Empieza por el acceso a la salud, a través del seguro social, y, si la política pública se adopta tal y como debe de ser, debe abrir otras puertas: simplificación de trámites (ahorro de dinero y tiempo) para inscribir micro y pequeñas empresas; acceso a crédito, bajo otras normas, pues como está la ley de instituciones financieras el CHN, por ejemplo, no puede ampliar la cobertura de créditos a pequeñas empresas, de acuerdo al mandato reciente del Congreso: los requisitos y garantías son incumplibles en esta emergencia y los intereses demasiado pesados.

El acceso al crédito abre la tercera puerta: asistencia técnica para elevar la productividad, que, al final, de eso se trata para que la población eleve su nivel de vida. Dos cifras pintan el oscuro cuadro: a) El 70 por ciento de la PEA está en la economía informal y b) esta economía apenas representa el 23 por ciento del PIB. Es economía de pobreza. Asistencia técnica es mejor gestión, control contable, buen manejo de desechos y cuido ambiental, seguridad laboral y mejor relación con los trabajadores.

Como decía mi abuelo Pedro: la necesidad es la madre de las transformaciones.