Lunes 25 DE Mayo DE 2020
Opinión

Golpe de Estado para retornar a la democracia

El 23 de marzo de 1982 fue un gran salto hacia la democracia.

Fecha de publicación: 03-04-20
Por: Gonzalo Asturias Montenegro

El pasado 23 de marzo se cumplieron los 38 años del Golpe de Estado que los oficiales jóvenes del Ejército realizaron para poner fin a una serie de gobiernos militares corruptos instalados por fraude electoral, y para retornar a la democracia. En el único libro escrito sobre cómo se fraguó el golpe, titulado ‘La Verdad verdadera: cómo sacamos a Lucas García’, Rodolfo Muñoz Piloña recoge los testimonios de todos los que arriesgaron la vida para sacar los tanques a la calle y obligar al general Lucas a renunciar a la Presidencia. En un testimonio personal, el capitán Muñoz Piloña cuenta que tras regresar de cuidar las urnas se presentó ante su superior y le dijo: -“Doy parte de que estoy presente, con la novedad de que hubo fraude”. La respuesta que recibió fue esta: -“Deje de hablar babosadas, eso no nos incumbe a nosotros, eso no es asunto nuestro. Nos pidieron seguridad y la dimos. El fraude es un asunto de los políticos”. Claro que en esa época, el Ejército era el principal actor político del país, pues decidía sobre los resultados electorales.

En la era de las pantomimas electorales (1974-1982), el Presidente de la República nombraba al Director del Registro de Ciudadanos. El ente era un apéndice del Ejecutivo. En época electoral, el Director del Registro de Ciudadanos y los representantes de los partidos políticos integraban el Consejo Electoral. Los partidos eran juez y parte del proceso. El sistema era sencillo: el ministro de la defensa renunciaba al cargo para convertirse en candidato presidencial. Por medio de fraude electoral se le declaraba presidente electo y luego asumía la presidencia. Las migajas de los demás cargos de elección se repartían por componendas. Las elecciones eran fachada.

El folclórico y repetidas veces candidato a la alcadía capitalina, Padre Chemita, declaró que fue error hacerse amigo de los votantes y no de los que contaban los votos. A la sede del Consejo electoral la llamó la Casa Encantada porque allí igual aparecían que desaparecían los votos. Con ocasión del fraude de 1978, el socialdemócrata alcalde capitalino, Leonel Ponciano León reconoció que en la capital había habido fraude: “Hubo fraude. Pero no me explico dónde lo hicieron ni cómo lo hicieron”. ¡Claro que lo sabía! ¡Y lo avaló! En el diario ‘El Imparcial’ en el que trabajaba, publiqué una nota encabezada con esa frase del alcalde Ponciano. Todo esto es historia.

Eran tantas las reglas y limitaciones que era imposible formar nuevos partidos políticos. La izquierda terminó partida en dos: un grupo había tomado las armas (la guerrilla) en tanto que otro decidió luchar dentro del ‘establishment’, denominándose izquierda democrática, en la que militaron Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta, ambos asesinados en la era de los fraudes electorales y de la represión política.

Tras el Golpe de Estado del 23 de marzo, el Jefe de Estado integró un Consejo con representación política plural y étnica que sesionaba en el edificio del Congreso. En una de las discusiones del futuro político de Guatemala, el consejero Carlos Gehlert Mata dijo: “no fue la falsificación de una firma, sino sencillamente la alteración, en la forma más burda e inimaginable, del resultado de una mesa electoral; y con cuatro tanquetas en las cuatro esquinas de la manzana, donde está este edificio parlamentario y con personas armadas en los corredores aquí no pudo haber una voz que dijera que no era válido todo aquello. En las papeletas electorales no se falsificaba un número, se tachaba un resultado y se ponía otro, en forma arbitraria”.

El Consejo de Estado preparó el andamiaje político y electoral sancionado por el Ejecutivo el 23 de marzo de 1983, el cual en líneas generales se mantiene hasta la fecha. La autoridad electoral sería el Tribunal Supremo Electoral, ente autónomo integrado por magistrados independientes del organismo ejecutivo y de los partidos políticos. En cuanto a los partidos, se facilitó su formación y se suprimió la prohibición de creación y existencia de un Partido Comunista, que fue un adelanto histórico, no reconocido ni aun en la Constitución de la Revolución de Octubre que sí lo vetaba.

El 30 de junio de 1983 fue juramentado el primer Tribunal Supremo Electoral, presidido por Arturo Herbruger Asturias e integrado por los mejores juristas del país. El 28 de junio de 1983, el jefe de Estado Efraín Ríos Montt y los partidos políticos acordaron que las elecciones para integrar la Asamblea Nacional Constituyente fuera el 1 de julio de 1984. Tras salir Ríos Montt del poder, su sucesor Humberto Mejía Víctores cumplió el calendario de retorno a la democracia, que culminó con elecciones libres y la toma de posesión de Marco Vinicio Cerezo Arévalo como Presidente, en enero de 1986.

Ahora (1986 a 2020) vivimos la más larga época democrática, con las mayores luchas históricas por consolidar no solo elecciones libres, sino verdadera democracia y Estado de Derecho. Firmamos acuerdos de paz entre la guerrilla y el gobierno. Gracias a las leyes de transparencia, tenemos los gobiernos de nuestra historia más escrutados por la prensa independiente y la opinión pública. Pudimos encarcelar a un Presidente y una Vicepresidenta en funciones.

Los jóvenes oficiales que dieron el golpe de estado deben estar satisfechos porque con su actuación casi suicida lograron no solo poner fin a las pantomimas electorales sino asegurar una democracia en proceso de ampliación. La gesta del golpe de 1982 no debe quedar empolvada. La historia no debe ser escamoteada como ahora.

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