Domingo 5 DE Abril DE 2020
Opinión

La solidaridad a prueba

Son momentos de unidad nacional, de sacrificar tiempo y recursos, y de tenderle la mano a quien más lo necesita.

Fecha de publicación: 26-03-20
Por: Miguel Ángel Albizures

En estos duros momentos para la población de escasos recursos, para quienes viven del día a día y se las ingenian para sobrevivir y ayudar a su familia, uno quisiera escribir de los excelentes planes gubernamentales y de la solidaridad sin límites de las familias que todo lo tienen, que se han enriquecido con el esfuerzo de los trabajadores del campo y de la ciudad, de las fábricas y las grandes fincas de café, caña de azúcar, banano, cardamomo o palma africana o los dueños de esos grandes centros comerciales, que están en todas partes, pero no se puede, la solidaridad no se ve, no se palpa, no llega. Sé que no se puede generalizar, hay quienes tienen el corazón en la mano y dan, no lo que pueden, sino algo para aliviar la crisis, pero desgraciadamente son los menos, mientras que otros plantean sus necesidades: Rebaja de impuestos, no pago de la cuota al IGSS, el Irtra e Intecap o pagar por pushos el Bono 14, suspensiones sin goce de salario y más adelante plantearán no pagar indemnizaciones a quienes despidan o el atraso del aguinaldo anual. Cualquier cosa puede suceder si la crisis se prolonga.

Como dice el refrán popular, en las crisis “unos en la pena y los empresarios en la pepena” y eso no es raro, sucedió en 1996 cuando el terremoto, los despidos y la destrucción de sindicatos no se hizo esperar, pues para los empresarios lo importante era aprovechar el momento de desmovilización y llevar agua a su molino, poco o nada les importó que muchos trabajadores durmieran a la intemperie o estuvieran sacando a sus familiares de los escombros. Hoy las condiciones para ellos están dadas, el pueblo preocupado por los efectos de la pandemia y ellos de sus ganancias. Los trabajadores esforzándose para llegar a tiempo a su trabajo y ellos tomando nota, a través de sus jefes de personal, para justificar las suspensiones sin goce de salario o los despidos “justificados” por ausencia o llegadas tarde.

Imagínese usted que, según el presidente de la Cámara de Comercio,  están perdiendo mil millones de quetzales diarios. ¿Usted sabe lo qué es eso? En treinta días serían treinta mil millones de quetzales, o sea que sus ganancias el año anterior fue una suma exorbitante y ahora dicen que no tienen para pagar salarios e impuestos y por eso piden cacao al Presidente y al Congreso. Y como está visto, el Presidente está presto a servirles y el Congreso igual, pues si no, se atienen a las consecuencias por desobedecer las órdenes de quienes siempre han mandado en Guatemala.

Quien sabe en qué estaban pensando los directivos del IGSS, pues hoy más que nunca necesitan de ese aporte empresarial para mantener y extender el servicio, y dotarse de medicinas para atender a sus afiliados. A los trabajadores se les descontará y no sería raro que los patronos incumplan con pasar de inmediato esa cuota y se les niegue el servicio. Son momentos de unidad nacional, de sacrificar tiempo y recursos, y de tenderle la mano a quien más lo necesita, que es la mayoría de la población, y ojalá el virus no se extienda al agro, porque las muertes serían incalculables, y ojalá logremos en el futuro cercano, como fruto del dolor y la muerte,  construir un país más solidario.