Domingo 5 DE Abril DE 2020
Opinión

La imperceptible bendición atrás de la duda

Ciertamente tenemos la tarea de resolver todo lo que se puede solucionar.

Fecha de publicación: 16-03-20
Por: Luis Fernando Cáceres

Sin duda, una de las más admirables habilidades del ser humano es su innegable talento de enfrentarse a lo desconocido y crear nuevas soluciones, que mejoran su condición aún desde una posición carente de seguridad y certeza. Bernard Beckett define al espíritu humano como la capacidad para enfrentar la incertidumbre del futuro con curiosidad y optimismo. 

Es como dice el físico Brian Greene, quien ha avanzado mucho en el desarrollo de la teoría de cuerdas, la cual pretende explicar que las partículas materiales, aparentemente puntuales, son en realidad estados vibracionales: “Explorar lo desconocido requiere tolerar grandes cuotas de incertidumbre”. 

Me parece trágico que tantas personas se autoimpongan la necesidad de absoluta infalibilidad y que esto eche al trasto sus proyectos nuevos. En realidad, la carencia de certeza es precisamente la existencia de oportunidad. Sin incertidumbre, sin espacio de mejora, sin la necesidad de avanzar, con la condición actual no puede existir un futuro emocionante que esperar. Todas las cartas estarían echadas y el mundo sería un lugar gris y frío.

Es por eso, que las personas que viven de retar el status quo ven en la incertidumbre oportunidades y, es de ahí, que florecen los avances de todas esas mentes curiosas y resueltas. Fromm lo pone de esta forma: “La demanda de certeza bloquea la búsqueda de significado. La incertidumbre es la condición misma que impulsa al humano a revelar sus capacidades”.     

La falta de certidumbre pues es el precioso lugar desde donde se abren todos los caminos que llevan a nuevas oportunidades. Desde ahí, es de donde emanan retos que llevan a lugares más altos. Es de la carencia de certeza que surge lo emocionante que resulta emprender. Es de ahí, de donde nace todo lo diferente y mejor, todo aquello que avanza a la condición humana. 

Lejos de dejar que pequeñas, o incluso, grandes cuotas de escepticismo bloqueen sus proyectos reconozca que es en ello, en la existencia de la vacilación de otros, que usted tiene la oportunidad de crear algo hasta ahora inexistente. Sean cambios personales que renueven su vida, aspiraciones civiles o proyectos empresariales, usted puede encontrar formas nuevas y mejores de hacer las cosas, precisamente por la carencia de certeza en las condiciones que harían que la solución que su imaginación ha creado exista. De otra forma ya existiría. 

Este mundo es uno que no funciona en términos absolutos y no ofrece –afortunadamente– certeza plena alguna. Guatemala es, además, un lugar vasto en incertidumbre así que, esta es una realidad en la que usted puede desarrollarse o languidecer.  

Con esto no quiero decir, y necesito ser enfático acá, que debemos lanzarnos al vacío con una sonrisa esbozada esperando que algo milagrosamente nos haga volar. No. Ciertamente tenemos la tarea de resolver todo lo que se puede solucionar. Dependiendo a qué nos enfrentemos tenemos la obligación de minimizar riesgos y apuros imprevistos. En momentos de grandes incongruencias de mercado o en las etapas iniciales de un proyecto de emprendimiento, por ejemplo, sería prudente mantener colchones de efectivo más abultados y hacer muchas pruebas en escalas menores, antes de comprometer grandes recursos en la producción de un producto nuevo. 

Esto no es un llamado a la irresponsabilidad, más bien, es un llamado a ser un optimista responsable y en paz. En paz con la consistente realidad que la incertidumbre, por perenne que sea, es también una bendición. Bien lo asienta ese sabio proverbio budista: “Si tienes un problema y puede ser solucionado entonces no es necesario que te preocupes, soluciónalo. Si tienes un problema y no puede ser solucionado, entonces tampoco te preocupes, olvídalo”.