Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Opinión

A medio siglo de la publicación de La Patria del Criollo (IV parte)

Cuando llega la primavera democrática, Severo cuenta con 19 años y se incorpora a la Facultad de Humanidades, cuando es fundada e inicia sus estudios de historia, como oyente, dado que carecía de un diploma de bachillerato.

Fecha de publicación: 29-02-20
Por: Eduardo Antonio Velásquez Carrera

Quién era y de dónde provenía este guatemalteco tan observador, tan perspicaz, tan educado e ilustrado, científico social, amante del idioma alemán, además del materno, amante de la música, ‘rara avis’, en el medio nacional. Es la pregunta que muchos coterráneos nos hemos hecho sobre José Severo Martínez Peláez. La familia paterna de Severo, los Martínez Aniorte provenían de Asturias,  España, y llegaron a Guatemala a fines del siglo XIX y se asentaron en las montañas altas de nuestro país, específicamente en la ciudad de Quetzaltenango. Otras familias asturianas también llegaron por aquellos días, como los Gutiérrez, los Botrán, los De Coto, los Canella, etcétera. La familia materna de Severo, los Peláez eran terratenientes y un abuelo suyo fue uno de los accionistas fundadores del Banco de Occidente. Fue el hijo mayor de Alfredo Martínez Rodríguez y de Alicia Peláez. Tuvo tres hermanas: Regina, Consuelo y Alicia. Nació en Xelajú –la antigua Xel Ju Noj de los Quichés– el 16 de febrero de 1925. Tuvo la enorme tristeza, en su familia, del suicidio de su madre, cuando todos los niños eran muy pequeños. Ante esta tragedia familiar, su padre contrató a una institutriz alemana, para que los cuidara y los continuará educando. Don Alfredo había estudiado en Londres, Inglaterra, y regresó a Quetzaltenango para hacerse cargo del negocio familiar, “La Sevillana” que funcionaba como confitería, venta de abarrotes de ultramarinos y de salón de juegos de billar. Escribía algunos poemas.

Sus estudios los realizó en el Colegio Alemán y cuando tenía que continuar sus estudios secundarios, esta institución fue cerrada, por causa de la deflagración de la Segunda Guerra Mundial, por el eje fascista liderada por Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y Franco en España. Y naturalmente por la presión estadounidense hacia el dictador Ubico Castañeda, quien permitía en un principio la organización de los nazis en los clubes alemanes y de los fascistas italianos –los camisas negras– existentes en el país que la inteligencia militar de los Estados Unidos de América ya habían detectado y dado seguimiento en  Guatemala. Cursó algún año en el Instituto Nacional de Varones de Occidente –INVO– hasta desistir y dejar el hogar paterno, cuando tenía 14 años, cuando se trasladó a vivir solo a la Nueva Guatemala de la Asunción. Fue en la ciudad de Guatemala que se reencontró con Don Efraín Recinos, padre, quien trabajaba en el Almacén Kossak, quien le ofreció un primer empleo en ese mismo comercio. Al parecer un hermano de don Efraín había sido empleado de “La Sevillana” y en consecuencia conocía a la familia de Severo. Don Efraín fue un gran orientador de Severo, habiéndolo inducido al juego de ajedrez, al cultivo de la música, a la lectura constante. Por aquellos años frecuenta el Conservatorio Nacional de Música, en donde tuviera excelentes maestros como Juan Levy. Cuando llega la primavera democrática, Severo cuenta con 19 años y se incorpora a la Facultad de Humanidades, cuando es fundada e inicia sus estudios de historia, como oyente, dado que carecía de un diploma de bachillerato. El Doctor Arévalo Bermejo siendo humanista, graduado en la Universidad de La Plata, en la Argentina propició la llegada de grandes intelectuales, de los cuales se beneficiaría, no solo los maestros y estudiantes universitarios, sino los estudiantes en general del país.