Domingo 5 DE Abril DE 2020
Opinión

Necesidad de un verdadero diálogo nacional

Podemos forjar un nuevo equipo de identidades múltiples.

Fecha de publicación: 24-02-20
Por: Marcela Gereda

Corría el año 2009. Día de noviembre. Cielo despejado. Venía conduciendo del lago de Atitlán, un motorista frente a mí viró inesperadamente sin poner el pidevía. Tras el frenazo y la barrida, golpeo la moto y cayeron –ilesos– un maestro indígena y su esposa embarazada. Ambos cayeron al asfalto en mitad de la carretera. 

Me bajé del carro a ver si los maestros estaban bien. En dos segundos me vi rodeada de un grupo grande de indígenas. Ambiente pesado, “fuera gringa asesina”. Todos contra mí. Les expliqué que me quedaría hasta asegurar que los dos maestros de escuela estuvieran bien. Y poco a poco fue bajando la tensión. 

Sentí que se me atoraba la respiración. Estaba adentro de un remolino de insultos y oídos sordos. Estaba frente al odio de 500 años de opresión e injusticia ante una población invisible. Me preguntaron que de dónde era y les respondí “guatemalteca”, “no le creemos” me dijeron los maestros. Después de siete horas de ir de un lugar a otro con los maestros, hablar con ancianos, comadronas, familia de los maestros, líderes, etcétera, Sara, la mujer que había caído de la moto, me dijo: “seño, yo le agradezco su atención, pero lo que no le creo es que usted sea guatemalteca, porque un guatemalteco no hubiera parado”. Les pregunté a ellos si se sentían “guatemaltecos” y me dijeron “nosotros no somos guatemaltecos, somos mayas kaqchikles”. 

Históricamente, el Estado Liberal se forjó como un Estado patriarcal, blanco, excluyente, colonialista, que no incluyó a la población indígena. 

Por ello, si queremos construir un país de todos y para todos es necesario ir hacia una Asamblea Constituyente la cual propone el Movimiento para la Liberación de los Pueblos, es decir, un diálogo nacional para fundar nuevas bases para la construcción de un nuevo contrato social entre las personas que habitamos este lugar llamado “Guatemala”.

Cuando el año pasado pregunté a la excandidata a la presidencia del Movimiento para la Liberación de los Pueblos, Thelma Cabrera, por qué la Asamblea popular y plurinacional, es viable ella responde: “La Asamblea Constituyente popular y plurinacional es para transformar el modelo de Estado. Nosotros como pueblos indígenas que cohabitamos en Guatemala no estamos representados en el actual modelo de Estado, por ello necesitamos refundarlo. Le apostamos a la refundación del Estado a través de una Asamblea, es decir un diálogo nacional sobre el nuevo país que queremos en igualdad de condiciones, porque lo que hay ahora es un modelo de Estado que además de proteger y velar por los intereses de unos cuantos es un modelo de Estado racista, excluyente, patriarcal. Ese es el Estado que queremos refundar para escribir una nueva historia de inclusión, justicia y dignidad para el país”. 

“Proponemos este proceso de refundación del Estado desde los territorios indígenas. Para hacer un Estado plurinacional. A nosotros nadie nos consultó si validamos la actual Constitución. Planteamos esta Asamblea a través de una democracia comunitaria y participativa”.

La Asamblea Constituyente es una necesidad histórica para dar medicinas a las enfermedades que no nos permiten ser una sociedad en paz: el hambre, la pobreza, etc. 

Podemos forjar un nuevo equipo de identidades múltiples. Porque aquí todos somos útiles y necesarios. Nadie es más que nadie. Hay un imaginario que hace falta inventar a partir de una Asamblea Plurinacional Constituyente, que cohesione todas las Guatemalas, todas las formas de sentir este lugar, todos los colores de piel, todas las clases sociales, que nazca desde adentro y desde la memoria histórica. A lo mejor si empezamos a creer y a construir ese equipo de múltiples naciones, desde ese “nosotros múltiple y diverso” podemos trascender nuestras contradicciones para empezar a crear un todo.