Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Opinión

Debe elegirse a mis prospectos de magistrados

Fecha de publicación: 24-02-20

Lamentablemente, la cuestión de la postulación de candidatos a magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y de la Corte de Apelaciones (CA) ha caído en el pedestre forcejeo de imponer a “mis candidatos a magistrado” y defenestrar a “tus candidatos a magistrado”, sin importar si los “míos” son aptos o no para el desempeño de los respectivos cargos públicos o si los “tuyos” son buenos o malos. Hasta ese punto ha llegado la polarización.

El año pasado comenzó la pugna. Unos querían que la anterior Legislatura (2016-20) fuera la que eligiera, porque supuestamente contaban con más “aliados” en el Congreso, en tanto que otros querían que fuera la actual Legislatura (2020-4) la que la eligiera, porque contaban con más “aliados” en esta. Finalmente, el Consejo de la Carrera Judicial (CCJ), en contravención a la Ley de la Carrera Judicial, se inventó un procedimiento exprés de evaluación de magistrados y jueces, cuya implementación retrasó el proceso de postulación de candidatos a magistrados de la CSJ y de la CA, e impidió que la anterior Legislatura eligiera a dichos magistrados, para alegría de unos y frustración de otros.

Por supuesto, al efecto no importó que se violaran las normas constitucionales que establecen que los periodos de funciones de la CSJ y de la CA son perentorios e improrrogables; y, por consiguiente, los actuales magistrados, que debieron haber sido sustituidos el 13 de octubre de 2019, continuaron en funciones indefinidamente.

Terminadas las maratónicas y anti técnicas evaluaciones de magistrados y jueces a cargo del CCJ, en medio de impugnaciones y desaguisados, y habiéndose puenteado a la anterior Legislatura, todos esperábamos que por fin las respectivas Comisiones de Postulación elaboraran la nómina de candidatos a magistrados y que el Congreso eligiera a los magistrados, especialmente considerando que la Corte de Constitucionalidad había determinado que, a finales de febrero de 2020, debía llevarse a cabo la elección.

Pero aquí no termina todo. Hechas las nóminas de candidatos aparecieron las caras largas de quienes no vieron a sus prospectos de magistrados en las mismas. Por tanto, comenzaron de nuevo las críticas e insatisfacciones, los dimes y diretes, así como las dudas sobre las alianzas en el seno de la actual Legislatura.

La semana pasada, estalló un escándalo en el que salieron a la luz nuevas negociaciones políticas y contubernios en torno a la postulación y elección de magistrados. La historia se repite como siempre, como tragedia o como farsa. La consecuencia es que unos exigen que nuevamente se postergue el proceso de designación de magistrados y otros que se continúe y termine. Asimismo, algunos otros exigen que en el Congreso se cree una improcedente comisión de honor que lleve a cabo nuevas evaluaciones y otros más piden que se suspenda todo, que se inicien acciones penales y que se reforme la Constitución. Mejor hubiera elegido la Legislatura anterior dicen algunos que le echaban pestes meses atrás. 

Sin duda, todo esto pasa debido a que los que eligen tienen la potestad de subjetiva y antojadiza de designar sin base en criterios objetivos. Esto les da el poder de poner magistrados. Empero, ni a tirios ni a troyanos les interesa que la evaluación objetiva y el mérito prevalezcan. Todos quieren que se nombre a sus prospectos de magistrados y no a los de los otros, incluso a nuestro tal por cual. Es más, el lema imperante vuelve a ser: Quien no está conmigo está contra mí, quien se opone a mis preferencias y designios lo acuso de que responde a “intereses oscuros”, como acostumbra decir una autonombrada prócer.