Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Opinión

Asedio

Tiempos recios para la justicia.

Fecha de publicación: 21-02-20
Por: Álvaro Castellanos Howell

El poder judicial ha sido la cenicienta del Estado guatemalteco por décadas de décadas.

Y a pesar de los pesares, la gran mayoría de los guatemaltecos nos hemos ido dando cuenta, gradualmente, de la superlativa importancia de contar con magistrados, jueces y funcionarios judiciales probos, capaces, preparados y dispuestos a servir.

A manera anecdótica, recuerdo que cuando yo estudié en la Facultad de Derecho, de 125 alumnos que ingresamos (1980) a la Universidad Rafael Landívar, al cerrar pensum de estudios, no había más que dos o tres compañeros trabajando en tribunales y si no recuerdo mal, solo uno de ellos pretendía continuar laborando en el organismo Judicial.

He preguntado, de tanto en tanto, a colegas más jóvenes si ese mismo fenómeno se seguía replicando en diferentes “generaciones profesionales”, y lamentablemente la respuesta ha sido que la situación no ha cambiado mucho.

Quizás, entre las razones por las cuales ha sido tan marginal el interés de hacer carrera judicial, es porque se ha menospreciado esta labor.

A contrario de lo que viví en mis años estudiantiles de pregrado, después, cuando tuve oportunidad de hacer un posgrado, pude apreciar que en ese país (EE. UU.) ocurría exactamente lo contrario.

Es decir, en un sistema altamente competitivo en el mundo académico, los alumnos más destacados de muy prestigiosas universidades, como Yale, Harvard, Columbia, Georgetown, New York University, Penn State, Stanford, etcétera, aplicaban no solamente a conseguir trabajo en firmas de abogados sino también consideraban los puestos de letrados para jueces federales de las más altas cortes, incluyendo la Suprema Corte de los Estados Unidos de América (SCOTUS).

O sea, entre lo más granado y distinguido de los estudiantes de derecho, muchos aspiraban a ser jueces.

Nuestras Facultades de Derecho, en general, y salvo con algunas muy honrosas excepciones, no fomentan la vocación judicial en el estudiantado y creo que esto es un error atávico.

Los mejores estudiantes deberían contemplar dentro de sus opciones de ejercicio profesional, la función judicial.

Esa labor que es la más sagrada y difícil de todas las manifestaciones que un profesional del Derecho puede elegir.

Acorde a todo lo anterior, la sociedad en su conjunto, debe velar por que la toga se la pongan las mujeres y los hombres más comprometidos con dicha sociedad, y por lo tanto, debe luchar, a toda costa, por no permitir que ocurra lo contrario: que lleguen mujeres y hombres comprometidos con alguien en particular.

Todo guatemalteco que crea que este es un tema que no le incumbe, está profundamente equivocado. Los tiempos parecen recios, tormentas resuenan. Lo único que no podemos, es permanecer indiferentes ante uno de los intentos más graves en la historia reciente de hacerse con el poder Judicial para administrar injusticias.