Domingo 5 DE Abril DE 2020
Opinión

Un pueblo que sabe reír y cantar

Entre las sociedades tradicionales existen dioses que además de reírse de sí mismos se burlan de la sociedad humana y sus limitaciones. 

Fecha de publicación: 17-02-20
Por: Marcela Gereda

Luis Cardoza y Aragón decía que Guatemala es un pueblo que no ríe y que no canta. Muchos dicen que a los chapines nos hace falta aprender a reírnos de nosotros mismos.  

¿Qué tendrá la risa que nos libera de miedos?

Como antropóloga tengo el privilegio y bendición de haberme sentado a comer en todo tipo de mesas en este país. Acaso de lo que más valoro de mi recorrido compartiendo con gente de todo tipo es la alegría de compartir la risa.

Me impresiona la capacidad de resistencia y resiliencia de la población campesina para reinventarse desde la risa. “Sin la risa no se sobrevive”, le escucho decir a Thelma, después de contar con lágrimas que sus cinco hermanos se fueron de mojados por no conseguir aquí empleo. 

Fue entre la familia de Erica, en Masagua, Escuintla, cuando le escuché al niño Denilson (cortador de caña) decir que para él no hay mejor medicina y regalo que el de la risa compartida. Fue entre aquellos niños  sabios que aprendí que no hay nada más valioso en la vida que reír a carcajadas con los amigos, la risa colectiva.

A la vez, creo que además de una honda sabiduría ancestral, podemos aprender de la población indígena y de su manera de estar y sentir el mundo, es cómo terminan las conversaciones con una sonrisa amplia, abierta al universo. 

Admiro a quienes en medio de la adversidad siempre andan tirando “risotadas”, “¿cómo está doña Felipa?”, “Aquí mire seño, siempre contenta, siempre bendecida”, dice la vendedora de fruta en el mercado. 

Las propiedades desintoxicantes de la risa fueron descubiertas por los antiguos sabios de Oriente. El bienestar espiritual que produce se explica por su capacidad para crear un espacio para estar con uno mismo y ubicarnos en el aquí y el ahora. En la India existen templos sagrados donde se practica la risa.

Ciertos estudios han probado que la risa produce en nuestro cerebro un aumento en los neurotransmisores relacionados con los circuitos fisiológicos del bienestar. La segregación de endorfinas en nuestro cuerpo  se activa.

Además a través de la risa nos relajamos: la columna vertebral y las cervicales, donde solemos acumular las tensiones, se estiran. Limpiamos nuestros ojos: las carcajadas hacen vibrar la cabeza, despejan la nariz y el oído y activan nuestras glándulas lagrimales. También oxigenamos nuestros pulmones. Activa el sistema neuroendocrino.

Agradezco a mis amigos por enseñarme el valor de la risa, que crea una complicidad atemporal. Creo que la risa compartida puede ser ese puente/punto de encuentro entre los guatemaltecos, para podernos reír de nosotros sin importar edad, etnia, género, afiliación política, religión debemos partir del respeto y amor por el Otro. Ese Otro que también somos Nosotros. 

En este Día de San Valentín nos deseo a todos más risas y menos enojos. Más alegría y lograr soltar los miedos. Recordar: un día sin sonreír, es un día perdido. Que este nuevo ciclo 2020 que comienza (y través de las necesarias transformaciones socio-políticas que requerimos) podamos contradecir a nuestro fabuloso escritor Cardoza y Aragón, construyendo más sonrisas compartidas, porque algo hermoso que tenemos en común todos los guatemaltecos es nuestra capacidad de reír hasta en la adversidad, el nuestro puede ser un pueblo que vibra en una alta sonrisa compartida y el latido colectivo que abraza, canta, baila y celebra la vida.