Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Opinión

Elección por prioridad

Las personas averiguan muy poco acerca de la entidad que las está evaluando.

Fecha de publicación: 17-02-20
Por: Luis Fernando Cáceres

Hace algunos días tuvimos que realizar unas piezas publicitarias en las que debíamos plasmar lo importante que resulta saber elegir. La pieza muestra una imagen donde se ve un camino que llega a una bifurcación, con lo que intentamos comunicar que hay que saber que ruta tomar. Mientras la elaboraba pensé en lo poco que esto realmente sucede.

En las últimas cuatro semanas he entrevistado a varias personas para llenar algunas plazas que tenemos vacantes. Todas cuentan con gran preparación académica. Algunas, las que van a plazas con mayor jerarquía, incluso cuentan con experiencia relevante. Lo que me impresiona es que, tanto a los candidatos jóvenes como a los maduros, les falta un plan de vida y, por lo tanto, carecen de una razón contundente para querer trabajar con nosotros. Es decir, en una entrevista ambas partes debieran estar seleccionando y, por consiguiente, debiera ser una charla de dos vías. Esto no se da porque en general la persona siendo entrevistada solo está preocupada por resolver si moverse a la nueva plaza implica alguna mejora aparente en su campo profesional y eso, acompañado de mayor remuneración, le basta. Cómo el movimiento ayuda a avanzar en un plan de vida diseñado es irrelevante, porque el plan no existe. Todos dicen tener uno, después de dos preguntas todos admiten que no lo tienen.

Esto es más aparente –la falta de un plan de vida– cuando uno nota lo poco que la gente se prepara y, vuelvo a recalcar, hablo acá de personas con alta capacidad intelectual y que han logrado ya una buena cuota de éxito profesional. Las personas averiguan muy poco acerca de la entidad que las está evaluando. Pareciera que las personas se dejan llevar por la marea y toman las decisiones de su vida, tratando de hacer lo “correcto”, pero de acuerdo a las oportunidades que van saliendo. De verdad, creo que las oportunidades se deben generar y para eso uno tiene que saber con una gran cuota de detalle qué es lo que uno quiere hacer y, para responder eso, se tiene que saber quién quiere ser uno. Pero esto requiere reflexionar con frecuencia y con profundidad y la gente no está dispuesta a hacer esto. 

Las personas que conozco que han alcanzado plenitud en su vida, sin variar, son personas que le dedican mucho tiempo a diseñar su vida: lo que hacen, por qué lo hacen, las personas que les rodean, las actividades que escogen e, incluso, las cosas que existen en su vida. 

Cuando uno puede explicar con precisión por qué ha tomado cada una de las elecciones que toma todos los días y, más aún, cuando uno sabe cómo esa elección juega a favor de un plan de vida, las decisiones resultan más certeras y fáciles de tomar y esto, incidentemente, resulta en una vida atiborrada de satisfacciones.

¿No valdría la pena parar el carro de la vida de vez en cuando y pensar en el camino? La cuestión de encontrar tiempo es un tema de prioridades: las cosas que nos importan, que realmente valen para nosotros, siempre les encontraremos tiempo. Es más, debiéramos identificar con claridad las cosas que no juegan un papel importante en nuestro plan de vida y desecharlas precisamente para evitar que demanden tiempo y recursos. Decir “no” resulta una gran bendición. Mientras uno más sabe lo que quiere, más fácil le resulta decir “no” y esto a su vez lo mantiene a uno enfocado. Lo mantiene a uno en el camino correcto. 

Parar para reflexionar y evaluar el camino, quizá de vez en cuando el destino mismo, es una actividad que no puede faltar en nuestras vidas. Vivir a la deriva implica complicaciones que no debiéramos tolerar. Vuelvo y digo: al final todo esto es cuestión de prioridades.