Sábado 22 DE Febrero DE 2020
Opinión

Las cosas buenas merecen… ¡hacerse bien!

No hay mucho por descubrir en Guatemala. Se sabe de los grandes rezagos sociales, políticos y económicos. Hacer cosas es importante, pero hacerlas bien, es imperativo.

Fecha de publicación: 25-01-20
Por: Gonzalo Marroquín Godoy / Enfoque

Guatemala está entre los cinco países más corruptos de la región latinoamericana. Somos el país con mayor índice de desnutrición infantil crónica, nuestro pobre nivel en educación y salud pública se han vuelto un mal permanente, no hay oportunidades y la pobreza agobia. Por eso, cientos de miles de personas huyen cada año hacia Estados Unidos en busca de aquello que aquí se les niega. La inseguridad es un martirio adicional para la sociedad.

¿Algo de esto es nuevo? ¿Algo de esto data –siquiera– de los últimos diez años? ¡Claro que no! Son males que se han venido arrastrando gobierno tras gobierno, sin que nunca se haya dado un paso trascendental para resolverlos. Eso sí, durante los últimos 45 años, he podido escuchar a todos los presidentes –militares y civiles–, repitiendo la misma cantaleta, palabras más, palabras menos: –Estamos haciendo… vamos a hacer… nadie ha hecho lo que este gobierno…vamos a combatir la pobreza… bla, bla, bla.

Algo que tampoco ha faltado, son los señalamientos al gobierno anterior –siempre justificados–, porque lo que encuentran es un desastre, el mismo desastre que se viene arrastrando y que mencioné antes. Los gobernantes llegan, hablan bonito, hacen algunas cosas –sería imposible no hacer nada–, pero al final de cada período, la pobreza sigue, las aulas escolares no mejoran –no digamos el sistema educativo–, los hospitales siguen más mal que bien, la corrupción crece, hay más niños desnutridos, la infraestructura no alcanza los niveles necesarios y, en definitiva, el país continúa a la deriva, con el sello de la corrupción.

Jimmy Morales ya es pasado. Ya forma parte de esos presidentes que pasan con más pena que gloria. No dejó ningún legado positivo y por eso lo despidieron a huevazos la bochornosa noche en que corrió –con sus tragos– a ser juramentado en el Parlacen. Él llevó al grado sumo el discurso de presentarse como el presidente que más ha hecho por el país. Los resultados hablan.

Ahora principiamos un nuevo período. Creo que como ha sucedido varias veces en ese tiempo que menciono, el presidente Alejandro Giammattei ha arrancado con buen pie, dando declaraciones, haciendo promesas y actuando, evidenciando los males del pasado y mostrándose como un hombre de trabajo.

Todo eso no es malo –tampoco novedoso–. Está haciendo cosas, pero ahora hay que pensar que el país no necesita solamente el hacer… necesita que las cosas se hagan BIEN. ¿A qué me refiero?

Por ejemplo, la famosa Comisión contra la Corrupción. No es mala idea. De hecho, la tuvo el que hasta ahora ha sido el gobierno al que más corrupción se le ha descubierto, el del PP. La encargada de la Comisión fue la vicepresidenta Roxana Baldetti, quien se convirtió, por supuesto, en juez y parte. Nunca fue señalada por esa Comisión. Ahora el presidente Giammattei anuncia que él personalmente presidirá la Comisión, que además la integran sus subordinados ministros de Gobernación y Finanzas, el Procurador General de la Nación (PGN) y dos de sus secretarias de Estado. Al parecer habrá un Director Ejecutivo, y es posible que este sea independiente, ya veremos. El acuerdo gubernativo de creación de la Comisión no le da mucho colmillo, pero lo peor de todo es su integración.

Así como está, es lo mismo que tener una auditoría interna en cualquier empresa encabezada por el Gerente –que eventualmente debe ser auditado– e integrada por sus asistentes o gerentes de área. Me temo que no funcionaría a plenitud. Igual pasa con esta Comisión. La idea no es mala, pero la ejecución sí lo es. Una buena idea, mal ejecutada.

Otro ejemplo, es el de los estados de Prevención. Combatir las extorsiones no solo es una magnífica idea, sino algo muy necesario. Sin embargo, es un riesgo utilizar los estados de excepción para cualquier acción que se quiera llevar a cabo para combatir el delito. Muchas de las acciones que se están realizando –allanamientos–, se pueden hacer con órdenes legales y así se consolida el Estado de derecho. Además, se corre el riesgo de tomar esta práctica como golpe de efecto, cuando se quiera desviar la atención pública.

Que el Ejecutivo quiera impulsar iniciativas de ley en el Congreso es algo a todas luces correcto. Lo que no se mira bien y puede resultar peligroso, es que el mandatario se reúna demasiado con los jefes de bloque, porque puede caer en la tentación de querer comprar voluntades, como antes sucedió a Jorge Serrano, a los presidentes militares y últimamente a Jimmy Morales.

Otra vez, tenemos que fortalecer la institucionalidad, y nada peor para ello que el Ejecutivo dicte instrucciones al Legislativo. La independencia de poderes –mandato constitucional–, se debe respetar al cien por ciento.

Bueno, el barco apenas arranca motores. Lo importante es recordar: no basta con hacer cosas… hay que hacerlas bien. El resultado de hacer solo lo primero ya lo conocemos.