Martes 25 DE Febrero DE 2020
Opinión

Jugando a perder siempre

El nuevo gobierno puede romper la inercia que domina el juego político de los últimos 30 años, pero para ello debe romper el ciclo engañoso del gatopardismo que busca medidas cosméticas para que nada cambie.

Fecha de publicación: 24-01-20
Por: Manfredo Marroquín

En materia de lucha contra la corrupción Guatemala se empeña en reprobar siempre. Este último año pasado volvimos a caer en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) edición 2019, cayendo en los últimos lugares con 26 puntos sobre 100 posibles, solo superados por Venezuela, Nicaragua, Haití.

El promedio de todos los países del continente americano es de 44 puntos, es decir estamos muy lejos del promedio regional, incluso el promedio de la peor región del mundo que corresponde a los países africanos del área subsahariana es de 32 puntos, o sea que estamos por debajo de la región considerada más corrupta del mundo.

Hace 15 años a Guatemala le acompañaban siempre en los últimos lugares países como Georgia e Indonesia. Ambos países se despegaron del pelotón de los perdedores y ahora obtienen una puntuación parecida a la de países europeos cercana a los cincuenta puntos, mientras nuestro país sigue cayendo en el hoyo negro de la corrupción.

Pero ¿qué hicieron Georgia e Indonesia para despegarse de los perdedores? Hicieron lo que Guatemala se sigue negando hacer: reformas en los sistemas que más impactan en la percepción de corrupción: servicio civil, contrataciones de bienes y servicios y financiamiento electoral y político.

La herencia del mal recordado Jimmy no es solo haber pedido cuatro años, es todavía peor al haber dividido a la sociedad en torno a un objetivo necesario para el desarrollo del país como es combatir la corrupción.

En casos como los citados cuyos países lograron reducir los niveles de corrupción considerablemente, ayudó mucho la aspiración de pertenecer a un club de países más desarrollados como el caso de Georgia que aspira a ser parte de la Unión Europea y para lo cual adoptó estándares de ese bloque de países para emprender sus reformas que cambiaron radicalmente los servicio que presta toda la administración pública.

Guatemala sin embargo no demuestra voluntad de sumarse a bloques de países que eleven el desempeño de su administración pública, la cual sigue siendo usada como botín. De la región solo Costa Rica ha logrado despegarse al sumarse al OCDE que es el club de países con mejores niveles de desarrollo.

Muy por el contrario, somos sede y aportamos al mantenimiento de organismos como el Parlacen que es más conocido como hogar refugio de presidentes corruptos que por sus contribuciones al desarrollo de la región.

El nuevo gobierno puede romper la inercia que domina el juego político de los últimos 30 años, pero para ello debe romper el ciclo engañoso del gatopardismo que busca medidas cosméticas para que nada cambie.

Cualquier padre de familia cuyo niño saca 26 puntos de 100 en su nota escolar, sería puesto a un régimen especial de disciplina para revertir la mala conducta que llevó a ese resultado. En Guatemala hay una resistencia permanente a someterlos a un nuevo régimen que ponga fin al desorden que impera en la administración pública y del cual los ganadores se presentan luego como adalides del cambio que nunca llega.