Sábado 22 DE Febrero DE 2020
Opinión

Los usureros

“El dinero no es más que un medio, un material o ejemplo de las corrientes màs profundas de la vida del individuo y de la historia”. Georg Simmel, “Filosofía del Dinero”.

Fecha de publicación: 22-01-20
Por: Edgar Balsells

Bajo el paraguas de la vieja ley de Estado de excepción, y de los operativos realizados en Mixco y San Juan Sacatepéquez, en los hallazgos del primer día de operativos comenzó a ser tendencia ese proceso social que se viene extendiendo en diferentes áreas geográficas, y que se etiqueta como una estructura internacional que realiza cobros excesivos de préstamos, y genera violencia. Las autoridades lo tildan como “proyectos de usura, y cuando no se pagan las altas tasas de interés incluso se atenta en contra de la vida”.

Y ahora que está de moda el denominado “sector informal de la economía” la pregunta de rigor es entonces: ¿por qué el crédito informal ha crecido tanto? Conveniente entonces es pensar en criterios de mercado, y en la famosa demanda que bien crea su propia oferta, como se nos martilla por todos lados, pues las políticas de control y represión de mercados, también se nos martilla, son contraproducentes para el entorno. La necesidad de crédito popular es entonces un tema de reflexión para prevenir esos males.

Y es que la usura es, desde los tiempos del Mercader de Venecia, un proceso más del mundo del dinero, con gran influencia sobre las constelaciones sociales de las instituciones sociales y jurídicas, como bien lo afirmó David Frisby, prologando el magistral tratado de Simmel. Recordemos entonces que esta mercancía ficticia –El Dinero– tiene un carácter meramente simbólico y que se realiza en el intercambio y en las relaciones más profundas de la vida.

Muy bien conviene reflexionar entonces en el impulso de las denominadas Microfinanzas, tal y como a inicios de la era democrática fueron impulsadas por el vicepresidente Roberto Carpio, mediante un programa de capitalización masiva, que dio vida a organizaciones como ADESCO, FAPE, FUNDEMIX, FUNDESEM y MICROS, siendo que algunas han cumplido su ciclo de vida, pero la mayoría sigue contribuyendo a la financiación de las necesidades de emprendedores y creditohabientes del sector popular, que sin lugar a dudas necesita de un segundo aire, tal y como lo evidencia el surgimiento de la usura en los mercados.

Resulta sintomático que los rumores mencionan la etiqueta de “usureros colombianos”, quedando así la expectativa de los resultados de las operaciones y de futuras investigaciones bien llevadas sobre los orígenes de tal acumulación dineraria, que a juicio de otros acontecimientos observados, como el caso de jets y avionetas que aterrizan de manera subrepticia por todos lados, podría suponerse la presencia de vínculos y eslabones de la economía subterránea.

Las iniciativas de don Roberto llevaron en sus tiempos a la creación del viceministerio del tercer sector, en el recinto del Ministerio de Finanzas Públicas. El nombre fue (porque su ciclo ha sido efímero) incluso de más dignidad y políticamente correcto versus “el sector informal”, que deja mucha tela que cortar sobre los vínculos entre la economía moderna y bancarizada y su contracara, vinculada con operaciones diversas que no solo evaden impuestos, sino desembocan de manera frecuente en el uso de la violencia y los métodos fuera de la ley.

De tales tiempos datan también organizaciones sin fines de lucro como las que se agrupan alrededor de Asindes, y personajes de gran valía como Hildebrando Cumes, Miguel von Hoegen, Edumdo Nane –q. e. p. d.– y Mauricio Gonzalez Juárez –q. e. p. d.–, quienes incluso inspiraron un poco conocido Artículo que aparece en la Constitución Política (el 242) y que prescribe la promulgación de una ley para el establecimiento de un fondo de garantía a entes sin fines de lucro para el financiamiento del desarrollo.

Resulta ser así cómo el gran sector de economía laboral, vinculado con la previsión social, y el vinculado a las necesidades de aquellos que están en la base de la pirámide, son una deuda pendiente de todos los gobiernos democráticos, y talvez si se piensa en políticas preventivas y reformas estratégicas –más allá del Estado gendarme– soluciones como las que aquí se proponen podrían contribuir a mitigar los climas violentos que nos agobian.