Viernes 18 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Juramento constitucional

El juramento no es un simple formalismo.

Fecha de publicación: 20-01-20
Por: MARIO FUENTES DESTARAC

El juramento de fidelidad constitucional es la declaración o promesa solemne que hace una persona al dársele posesión de un cargo público o al iniciar el ejercicio de la función pública, de cumplir con la Constitución y con los deberes inherentes al respectivo cargo o función; y, asimismo, es un principio sustantivo del sistema republicano de gobierno, por medio del cual se recrea el imperativo de soberanía y de supremacía de la ley, que es la piedra angular del republicanismo.

Nuestra Carta Magna dispone que la función pública “no podrá ejercerse sin prestar previamente juramento de fidelidad a la Constitución”, lo que implica que ninguna persona electa o nombrada puede tomar posesión de un cargo ni ejercer una función sin que previamente hubiere jurado fidelidad a la Constitución.

La separación de poderes es otro principio republicano y supone la no subordinación entre los Organismos Legislativo, Ejecutivo y Judicial, aunque entre estos sí es factible la coordinación, la corresponsabilidad y los controles interorgánicos, que son mecanismos expresamente previstos en la Constitución, mediante los cuales dichos organismos ejercen control jurídico-político entre sí, que se traduce en la vigilancia y la fiscalización entre ellos. Por cierto, un control interorgánico del Legislativo sobre el Ejecutivo es la exigencia de que el Congreso reciba el juramento y dé posesión al Presidente y Vicepresidente de la República.

En la Constitución vigente no se consigna una fórmula específica de juramento de fidelidad constitucional por parte del Presidente, en tanto que en la Constitución decretada el 15 de septiembre de 1965, vigente hasta el Golpe de Estado perpetrado el 23 de marzo de 1982, el Presidente electo, al tomar posesión del cargo, debía hacer el siguiente juramento: “Juro desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente de la República de Guatemala, cumplir y hacer que se cumplan la Constitución y las leyes, así como mantener el principio de no reelección en el ejercicio de dicho cargo. Si así no lo hiciere que el pueblo lo demande”. Son elementos clave en esta fórmula el patriotismo, la fidelidad constitucional y la defensa del principio de no reelección presidencial, calcado en nuestra tradición constitucional que demanda “sufragio efectivo, no reelección”. 

En la Constitución decretada el 2 de febrero de 1956, vigente hasta el Golpe de Estado perpetrado el 1 de abril de 1963, la fórmula del juramento presidencial era: “Juro desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente de la República de Guatemala, cumplir y hacer que se cumpla la Constitución y mantener el principio de alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República”. Como podrá advertirse, en esta fórmula se hace énfasis en la fidelidad constitucional, el respeto al principio de alternancia, que supone la sustitución periódica de los funcionarios.

La fórmula de juramento presidencial en la Constitución decretada el 11 de marzo de 1945, vigente hasta el Golpe de Estado perpetrado del 18 al 27 de junio de 1954, decía: “Protesto desempeñar con lealtad el cargo de Presidente; observar y hacer que se observe la Constitución; y prometo, por mi honor, el cumplimiento irrestricto del principio de alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República”. Se observa en esta fórmula un énfasis en la lealtad constitucional, el honor y en el respeto al principio de alternancia.

En todo caso, sostengo que el juramento de fidelidad constitucional no es un simple formalismo del que pueda prescindirse. Por el contrario, es un acto constitutivo y solemne; y, por tanto, es un requisito esencial de existencia y validez, que si se omite es causa de nulidad de pleno derecho del respectivo mandato o función, extremo que se acredita con la norma constitucional que dispone que los cargos públicos no podrán ejercerse sin prestar previamente juramento de fidelidad a la Constitución. Por supuesto, quien quebranta este juramento comete perjurio, el cual es penado por la ley.