Jueves 1 DE Octubre DE 2020
Opinión

Años perdidos

Pata de conejo, trébol de cuatro hojas, cruz de Caravaca…

Fecha de publicación: 15-01-20
Por: Anabella Giracca

Adiós a una etapa más de nuestra historia, una sombría y sin retoños. Una repleta de derrumbes y tragedias cotidianas. Superflua comedia de insensatez.

Las palabras que definen el gobierno de Jimmy Morales deambulan en la desilusión, el hartazgo, el rechazo. La nula trascendencia. Después de la lucha contra la corrupción, que traía fuerza de manera sistemática dada por el 2015, el ya finalizado e infeliz gobierno hizo todo por opacarla. No solo no supo manejar coyunturas, sino voluntariamente hizo todo por retroceder la batalla emprendida por las mayorías, con el único fin de protegerse él y a los corruptos de su clan. Detuvo los pasos sólidos que se emprendían para ser complaciente con el lado turbio de nuestra historia.

Permitió que la desnutrición creciera sin misericordia. En educación solo quedó desamparo. Y la salud flotó en su eterno estancamiento. La última encuesta de Cid Gallup evidencia que solo el 18 por ciento de la población lo aprueba, el 82 restante rechaza o le fue indiferente su gestión. Desarrollo social fracasó durante su gobierno, calificado por muchos como tiempo perdido y desperdiciado. ¡Y es que hablamos de vidas, de niños, de pueblo! Nuestros tristes indicadores van en franco desplome. Él recibió un país unido en la lucha contra la impunidad, ayer lo entregó dividido profundamente. Jamás representó la unidad. Jamás aceptó la crítica, es más, se dedicó a la victimización y al espectáculo mediático. Discursos, moralejas, eso es lo que fue. Otro cascarón nocivo en nuestra bitácora.

Sí, pasamos cuatro años más de desencantos, uno tras otro, hasta caer en el absurdo de lo inexplicable. Hoy nos ven en el mundo como un país insensato y de prácticas aviesas. El oscurantismo cerró filas en torno al presidente, en quien encontró el eco que necesitaba para operar a su favor. Y a cambio de un minuto de “fama”, nos vendió como una jaula para migrantes.

¿Por qué lo permitimos? ¿Por qué nos cruzamos de brazos durante tanto tiempo y nos conformamos solo con despotricar en las redes?

Quizá estamos subordinados a la culpa. Una culpa histórica que nos persigue y nos devuelve sistemáticamente al colonialismo. Mantiene viva la vocación del miedo. De nuevo, seguimos la avalancha de órdenes perversas, olvidando la magia de por qué estamos acá, vivos, con fuerza para construir una nueva nación.

De lo que viene, me reservo el “oraculismo” o el pesimismo realista, solo deseo el bien para mi país, el mejor de los cambios para las mayorías excluidas sistemáticamente en este desfile interminable de perversidad. (Pata de conejo, trébol de cuatro hojas, cruz de Caravaca, puño de azabache, ojo turco, rosa de Jericó, medalla de San Benito, cruzo dedos…).